El Ayuntamiento de Pontevedra instituyó hace setenta años la medalla de oro de la ciudad a mayor gloria de Franco. No hay ninguna noticia anterior sobre la existencia de tan alto honor con un formato semejante.
Cinco años después de la finalización de la Guerra Civil, instituciones y organismos se esforzaban cuanto podían y más por mostrar al Generalísimo su adhesión inquebrantable y por ofrecerle todas las distinciones habidas y por haber. Cada ciudad española acordó a tal fin la creación de una medalla de oro, y Pontevedra no quiso ser menos.
El alcalde Luís Ponce de León firmaba el 8 de febrero de 1944 una moción al respecto donde explicaba su intención última. Y el 30 de junio tomaba cuerpo y se formalizaba dicha propuesta por el pleno municipal "puesto en pie, por aclamación y delirante entusiasmo".
Franco aparte, que no cuenta por su carácter excepcional, la pequeña historia de las medallas de oro de la ciudad de Pontevedra se abrió en 1950 con el académico Francisco Javier Sánchez Cantón y se cerró en 1999 con el hacendista Alexandro Bóveda Iglesias.
Entre uno y otro, ambos inclusive, el Ayuntamiento ha otorgado hasta ahora nueve medallas de oro (cinco a personas y cuatro a instituciones) y seis de plata (tres a personas y tres a colectivos). A lo largo de esos cincuenta años transcurridos, por el camino se quedaron otras propuestas que no llegaron a buen fin. En este siglo XXI todavía no se concedió ninguna.
El ingreso de Sánchez Cantón en la Real Academia Española en 1949, cuando ya era miembro de la Real Academia de Bellas Artes y de la Real Academia de la Historia, resultó la piedra de toque. Tales distinciones avivaron en el seno del Ayuntamiento un deseo entusiasta de rendirle un homenaje de reconocimiento, que partió de una moción firmada por los concejales Juan Novás Guillén y Amancio Landín Carrasco.
Por acuerdo unánime de la corporación municipal se puso en marcha al unísono el otorgamiento de la primera medalla de oro de la ciudad y también su nombramiento como hijo predilecto de Pontevedra. Ambas cosas se oficializaron por fin el 26 de agosto de 1950, una fecha sin duda histórica.
Pocos meses después el concejal Antonio Hereder Solla, otro nombre imprescindible en la vida municipal pontevedresa, solicitó la concesión de la primera medalla de plata de la ciudad a la Coral Polifónica con motivo de su vigésimo quinto aniversario. La corporación municipal adoptó el acuerdo por aclamación el 27 de octubre del mismo año 1950.
Por su estrecha ligazón, Sánchez Cantón y la Coral Polifónica recibieron al mismo tiempo sus respectivas medallas en el descanso de un memorable concierto celebrado en el teatro Principal el 22 de enero de 1951
A partir de entonces el Ayuntamiento se mostró parco a la hora de conceder medallas de oro, quizá por aquello de que estaban muy restringidas en su reglamentación. De modo que concedió sus siguientes medallas en la categoría de plata al doctor Enrique Marescot Iglesias (1952) y al financiero José Fariña Ferreño (1955).
El Gobierno acababa de distinguir al primero con la Encomienda de la Orden del Mérito Civil y el Ayuntamiento no quiso ser menos. Y al segundo, un coruñés muy amigo de Pontevedra, sempiterno director del Banco de Crédito Local de España, se trataba de reconocerle todas sus ayudas en la concesión de préstamos ventajosos para diversos proyectos municipales.
Diez años después del primer oro llegó el segundo en 1960 para el teniente general Fermín Gutiérrez Soto, tras cambiar el mando de la Capitanía General de Galicia por la presidencia del Consejo Superior de Justicia Militar. Su estrecha vinculación con esta ciudad, donde estudió en el Instituto hasta su ingreso en el Ejército, también le valió su nombramiento como hijo adoptivo.
Con solo diez días de intervalo, en agosto de aquel año Radio Pontevedra EAJ-40 recibió una medalla de plata en reconocimiento a sus veinticinco años de actividad muy ligada al pulso de esta ciudad que empezaba a despegar.
Por medio anduvo José Fernando Filgueira Valverde, el alcalde que más medallas entregó durante su mandato. Antes de recibir la suya propia, presidió las entregas de otras dos medallas de plata al Pontevedra CF en 1963 por su ascenso a primera división y a Emilio Quiroga Losada (hermano de Manuel) tras su jubilación como arquitecto municipal en 1967.
Tanto Filgueira Valverde (1968) como Augusto García Sánchez (1974), su sustituto en la alcaldía, resultaron distinguidos con la medalla de oro de la ciudad al concluir sus respectivos mandatos, una circunstancia que no volvió a repetirse nunca más.
Luego llegaron, una tras otra, las medallas de oro para las instituciones militares de mayor arraigo en la vida pontevedresa: Fuerzas Armadas (1986), Escuela Naval Militar (1993), Guardia Civil (1994) y, particularmente, el Batallón de Infantería Pontevedra de la Agrupación Táctica Galicia (1995).
De alguna manera estos honores repararon con creces las distinciones frustradas mucho tiempo antes al Regimiento de Infantería Tarragona, el tercio de la Guardia Civil, la ENM y Parque y Talleres de Automovilismo. A las cuatro instituciones quiso premiar al mismo tiempo el Ayuntamiento en 1952 con la medalla de plata de la ciudad. Pero tuvo que anular su concesión en 1955 por no contar con la pertinente autorización de los respectivos ministerios.
Al parecer el Ayuntamiento podría tener una deuda por saldar con el Centro de Investigaciones Forestales de Lourizán. En 1990 inició el trámite para concederle una medalla de oro, pero su entrega oficial no consta por ninguna parte.