Para justificar su afición a irse de farra, me pasa un compañero un artículo de una revista en el que se asegura que los hombres necesitan salir con amigos dos veces por semana por cuestiones de salud. Efectivamente, esta es la conclusión de un estudio realizado hace unos meses nada menos que por investigadores de la Universidad de Oxford, que no es poca cosa, en la que se considera que estas escapadas mejoran los tiempos de recuperación en caso de enfermedad y que, además, incrementan los niveles de generosidad del parrandero.

El estudio tiene miga porque determina que, para mejorar su bienestar y ser felices, los hombres deben juntarse con sus cuatro mejores amigos dos veces a la semana y hacer "cosas" juntos, cosas como beber un par de cerveza y practicar algún deporte de equipo como el fútbol y el rugby. Por lo visto, tienen que ser como máximo cuatro amigos porque, si son más, la complicidad se dispersa y los beneficios son menores. Y tienen que ser dos días a la semana porque uno es poco y tres ya es un abuso.

No dudo de la rigurosidad del estudio, aunque agradecería que también nos indicaran a las mujeres cuánto debemos salir, con cuántas amigas, y qué tenemos que hacer para generar las endorfinas que nos hagan más felices. De las mujeres, sin embargo, han pasado los investigadores del Reino Unido, quizá porque nosotras tenemos bien claro los beneficios de juntarnos de vez en cuando con las amigas sin necesidad de que nos lo digan psicólogos ni terapeutas. Sí tengo curiosidad por saber qué nos aconsejarían hacer en esos encuentros para mejorar nuestro bienestar, porque lo del rugby y el fútbol no va a ser, por lo menos entre las mujeres de mi entorno a las que, --por si les sirve de orientación a estos científicos-- lo que más les gusta es hablar y, en función de la hora y el lugar, bailar.

Lo de dos días a la semana me parece más bien optimista, sobre todo a partir de cierta edad y cargas familiares, así que agradecería que incluyeran a las féminas en este informe para, al igual que hace mi compañero, presentarlo en casa como una receta médica cuando se tercie y así no tener que oír las quejas de mis hijos por verse obligados a pillar lo que encuentren en la nevera porque su mamá se ha ido de fiesta sin hacer la cena.

Lo que sí me desconcierta es lo de la cerveza. Un par de cervezas... ¿Tienen que ser dos? ¿No vale el gin-tonic que le gusta a una de las mías? ¿Y los mojitos de fresa que le van a otra? ¿Y qué hacemos con la que va a golpe de agua con gas? Tranquilas. En Oxford, como en todo el mundo, el que paga manda, y lo que no he contado hasta ahora es que el estudio fue encargado por una marca irlandesa de cerveza.