Hay personas tan malvadas que comparan la audiencia que logró este jueves "La voz kids" con la que tuvo semanas anteriores. Lo hacen de una forma aséptica, poniendo unos números al lado de otros, como si los datos descarnados pudieran estar desvinculados de cualquier consideración personal o valoración ética. Son personas astutas que pretenden comportarse como entomólogos: cogen un insecto, cuentan sus patas -es un decir- y anotan el número en su cuaderno con el gesto rutinario de un burócrata. Pero eso es trampa. Y lo saben.

Ayer, nada más mirar cualquier medio en el que se hablara de la actualidad televisiva, uno no podía evitar encontrarse con noticias que no eran noticias, sino opiniones; con hechos que no eran hechos, sino interpretaciones tendenciosas y malintencionadas: "'La voz kids' anota su máximo histórico con la última actuación de Iraila" o "La voz de Iraila bate récords". Después daban las cifras en millones de espectadores y en porcentaje de cuota de pantalla, y los números, tan ajenos otras veces, caían sobre el lector como esos árboles en llamas que te impiden huir del incendio: no sé cuántos miles -no me atrevo a mirar si millones- de personas prefieren ver un programa en el que canta una niña que ya ha muerto a ver un programa en el que no canta una niña que ya ha muerto, no sé cuántos miles -no me atrevo a mirar si millones- de personas prefieren ver un programa en el que canta una niña que ya ha muerto a ver un programa en el que canta esa misma niña cuando aún no ha muerto.

Telecinco emitió el programa respetando escrupulosamente el deseo de los padres de Iraila a pesar de que, vaya por Dios, eso mejoraría sus cuentas. Y en su web dio los datos para que quien quisiera rindiera un último homenaje a la niña con una donación a la asociación que le sirvió de apoyo durante la enfermedad. Tanto cuidado puso Telecinco que no quiso manchar sus manos con dinero haciendo un donativo. Ese día simplemente contó -con la precisión de un entomólogo- y anotó en la columna de ingresos un número mayor que otras veces. Gracias, Iraila.