10 de noviembre de 2013
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De vuelta y media

El nacimiento de la Sociedad Económica de Amigos del País

10.11.2013 | 03:43

La Sociedad Económica de Amigos del País de Pontevedra se fundó con un siglo de retraso con respecto al nacimiento en España de estas organizaciones, principalmente dedicadas a propagar los conocimientos técnicos y científicos de la Ilustración, con todas las bendiciones del rey Carlos III.

La Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, creada en 1748, fue la primera en su género, y la constituyeron los llamados "caballeritos de Azcoitia". Algunos años después cuajaron instituciones semejantes en A Coruña y Lugo, pero no obtuvieron el mismo predicamento en las demás ciudades gallegas.

Cuando surgió la Sociedad Económica de Amigos del País de Pontevedra en el año 1887 su objetivo primordial ya fue otro bien distinto. Su actividad más importante se centró en la impartición de enseñanzas para adultos, cuando la instrucción pública pasó a ocupar un primer plano entre los anhelos ciudadanos.

"Un noble y general movimiento de espíritu público". Así definió su junta fundacional a esta institución "que tantos beneficios ha de reportar a la provincia, y en particular a esta población". Seis pontevedreses muy conocidos y reputados en su tiempo formaron su primera directiva que cubría diversos estamentos sociales: Evaristo Velo (presidente), Isidoro Martínez Casal, Luís Sobrino Rivas, Lino Sáenz de la Riva, José Casal Lois y Torcuato Ulloa Varela.

Aquel mismo año, Isidoro Martínez, que era un rico terrateniente de la parroquia de Salcedo, se estrenaba al frente de la alcaldía de esta ciudad en tanto que Evaristo Velo, el primer presidente que tuvo la sociedad, desempeñaba la segunda tenencia de alcaldía en representación de la parroquia de Santa María.

Por su parte, Luís Sobrino abrió una saga de médicos en su familia y también se implicó a fondo en la Sociedad Arqueológica. Y el periodista Torcuato Ulloa se convirtió en el cronista de moda más reputado entre las damas pontevedresas, al tiempo que desempeñó una encomiable labor como secretario de la asociación durante muchos años. Aquel trabajo fue recompensado con la Gran Cruz de Alfonso XII.

El grupo fundador redactó primero los estatutos de la Sociedad Económica de Amigos del País de Pontevedra, y luego comenzó la labor de captación de socios (había varias clases) aquel mismo año de 1887. En la misiva dirigida a personas de "singulares condiciones" para solicitar su concurso e implicación explicaban que dichas entidades nacían para responder a las necesidades de los pueblos e implicarse en su prosperidad y porvenir.

Desde su puesta en marcha la asociación dispuso de un local cedido de forma gratuita por el marqués de Riestra, donde impartió clases de artes y oficios a miles y miles de obreros para mejorar su formación profesional, en régimen gratuito o semigratuito.

Tomando como referencia la programación elaborada hace cien años para el curso 1913-14, que empezó en octubre y se prolongó hasta septiembre del año siguiente, la Asociación Económica de Amigos del País continuó con sus dos escuelas de instrucción pública para adultos, y siguió también con sus clases de dibujo lineal y de figura y adorno de forma gratuita.

Como novedad importante, aquel curso incorporó dos nuevas clases: de aritmética y geometría a cargo del inspector de trabajo, Justino Sigit, y de legislación social por cuenta del abogado Isidro Buceta. Ambos ofrecieron sus servicios de manera desinteresada para colaborar en tan buena causa.

La institución funcionó como un centro dedicado a la clase obrera, de carácter mixto aunque con aulas separadas, y amplió cuanto pudo su oferta educativa; sobre todo para las mujeres a quienes llegó a impartir desde clases de corte y confección, hasta francés y música. Y para estimular la aplicación de su alumnado, la asociación concedía premios en metálico de veinticinco pesetas a los alumnos que más destacaban en cada materia.

Su labor fue muy apreciada y dejó huella en esta ciudad.

Una exitosa kermesse en la Alameda para sufragar sus escuelas

La Sociedad Económica de Amigos del País organizó en plenas fiestas de la Peregrina del año 1900 una exitosa kermesse en la Alameda, con el objetivo de recaudar fondos para sufragar sus escuelas. Entonces las tómbolas benéficas se denominaban con este vocablo internacional que tenía un gran predicamento entre las familias más pudientes.
La junta de gobierno de la institución estaba presidida por el catedrático de Física y Química, Ernesto Caballero Bellido, quien gozaba de un merecido prestigio social. Aquel mismo año fue elegido alcalde de la ciudad en octubre, y un mes más tarde también fue nombrado director del Instituto.
A Caballero y a su directiva no les costó mucho llevar a cabo una gran recolecta de regalos donados por distinguidos pontevedreses para sortear en la kermesse.
La comisión organizadora incluso acudió a los pontevedreses residentes en Buenos Aires. Su llamada para colaborar con tan buen fin tuvo una acogida muy favorable.
La kermesse abrió sus puertas en la tarde del día 13 de agosto y damas muy distinguidas de la ciudad se encargaron de la venta de boletos. "Ni un momento de descanso tuvieron las bellas expendedoras de rifas, ante la colosal demanda del secreto papelito de la suerte", contaba al día siguiente la prensa local. Y el cronista añadía con mucha gracia: "Aquello más que una kermesse parecía el misterioso palacio encantado de la Diosa Fortuna".
La kermesse se prolongó durante tres días, hasta que se vendieron todos los boletos. El primer día ya tocó a un jugador sin identificar el reloj de oro que había donado la infanta Isabel. Entre los asistentes más conocidos, la suerte estuvo de cara para Manuel Becerra Armesto, que luego sería alcalde entre 1906 y 1909, quien resultó agraciado con una piel de tigre regalada en Buenos Aires. A su lado un conocido diputado que no tuvo la fortuna de su parte sentenció con resignación: "Becerra se llevó la piel, pero yo me la dejé aquí".
La Sociedad Económica de Amigos del País recaudó con la kermesse más de siete mil pesetas, una cantidad nada despreciable.

El meollo

El "hai que roelo" de Agustín Fernández

n Medio siglo después de su legendaria popularidad aquel grito entusiasta del "hai que roelo" recobra ahora toda su frescura. Pero en lugar de aplicarlo al Pontevedra CF hay que referirlo al nuevo Pasarón. El concejal socialista Agustín Fernández ha mordido el apetitoso hueso del inexplicado sobrecoste de las obras de ampliación del estadio granate (de 7,2 a 15,8 euros) y no está dispuesto a soltarlo hasta que reciba las explicaciones oportunas. Para Lores y Louzán, con Mosquera de intermediario del acuerdo establecido en su día para zanjar el asunto, con la ronda urbana por medio, Tino Fernández se ha convertido en un hueso duro de roer. El meollo de la cuestión está en saber si la recepción del nuevo Pasarón por parte del Ayuntamiento a manos de la Diputación llegará a materializarse algún día, a tenor del cariz que ha tomado el asunto.

El micropatrocinio de Culturgal

n El meollo de la cuestión está en adelantar el éxito o el fracaso de la "corresponsabilidade" en el sostenimiento de la Feria de las Industrias Culturales de Galicia (Culturgal) que, un año más, se celebrará en el Recinto Ferial del 29 de noviembre al 1 de diciembre. La designación de un nuevo coordinador en la persona de Xosé Manuel Aldea, vicepresidente de la Asociación Gallega de Empresas Musicales, ha introducido un soplo de aire fresco a un evento acomodado en buena medida al patrocinio oficial de la Xunta y el Ayuntamiento. Y esa amplia renovación de su programa de actividades también pasa por la obtención de fondos complementarios a través de distintas vías, incluido el pago voluntario de una entrada simbólica a Culturgal, que otorgará a cada donante el título honorífico de "micropatrocinador".

El plan de la Mancomunidad de Montes

n Las comunidades de montes vecinales en mano común no son precisamente un dechado de virtudes, ni destacan por la buena gestión mostrada de ese patrimonio natural que recuperaron en buena lid, con todas las excepciones que quieran reivindicarse y que, sin duda, existen por fortuna. La Mancomunidad de Montes Vecinales de Pontevedra, que engloba a un total de doce entidades, acaba de ratificar a su directiva, con Juan José González al frente, al tiempo que ha aprobado un plan de ordenación de sus masas forestales, cuyo diseño tiene muy buena pinta sobre el papel, a fin de acometer su puesta en valor de forma ordenada. El meollo de la cuestión esta en aclarar si dicho proyecto cuenta con un presupuesto ajustado, sin necesidad de depender de ayudas oficiales graciables, para lograr su cumplimiento efectivo.

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