Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Falla

JOAQUÍN RÁBAGO

Permítame el lector que cuente una pequeña anécdota que creo, sin embargo, por desgracia muy representativa de lo que está sucediendo con nuestra cultura en la edad de internet.

Visitaba yo este verano Cádiz con unos amigos extranjeros y, tras pasar por delante de la casa donde nació Manuel de Falla, debidamente señalada con una placa conmemorativa, se me ocurrió la idea de regalarles un disco con alguna de sus composiciones.

Pregunté dónde había una tienda de música y se me indicó un quiosco cerca del mercado, donde, sin embargo, solo encontré música folclórica y la típica de los carnavales.

Decidí entonces ir a unos grandes almacenes, cuyo nombre no necesito citar, y me dirigí a la sección de música y vídeos, donde había una pequeñísima selección de música clásica.

Al no encontrar tampoco allí lo que buscaba, me dirigí al encargado de la sección, a quien le expresé mi sorpresa ante el hecho de que en la ciudad natal de uno de los grandes músicos que ha dado nuestro país en el siglo XX, contemporáneo de Lorca y de Picasso, no fuese posible encontrar ningún disco con "El amor brujo", "El sombrero de tres picos" o alguna otra de sus obras más conocidas.

El encargado me sugirió que fuera al quiosco donde yo ya había estado momentos antes y al contarle yo que tampoco allí había tenido suerte, me explicó que en los últimos años habían desaparecido varias tiendas de música en la ciudad e ignoraba si aún quedaba alguna.

Tampoco pudieron ayudarme en la oficina de turismo ni en una pequeña librería que encontré en el camino.

Según todos los gaditanos a los que consulté, la desaparición de las tiendas de música se debía sobre todo a la proliferación de las descargas de Internet, que habían hecho que el negocio hubiera dejado de ser rentable.

Tuve que explicarles todo esto, no sin cierta vergüenza, a mis amigos extranjeros, a quienes les parecía igualmente incomprensible que no fuera posible encontrar un disco de Manuel de Falla precisamente en su ciudad natal.

Era como si en Salzburgo fuera imposible adquirir un disco con una sinfonía de Mozart o en Bonn, de Ludwig van Beethoven.

Tracking Pixel Contents