Alfonso Daniel Manuel Rodríguez Castelao (Rianxo, A Coruña, 1886 - Buenos Aires, Argentina, 1950) fue el primer hijo de Joaquina Castelao y de Manuel Rodríguez, un marinero que se dedicaba a hacer velas para barcos. Su padre emigró a Argentina tres meses después de su nacimiento y en 1895 emigró también su madre llevándolo consigo. Allí permaneció hasta 1900, año en que retornó a Galicia para estudiar Medicina en la Universidad de Santiago. Sin embargo, la medicina no era su vocación ni su propósito, por lo que pronto la abandonaría después de ejercerla durante cinco años en su pueblo natal. Él mismo lo confirmó con claridad y franqueza en la frase que se le atribuye: "Fíxenme médico por amor a meu pai; non exerzo a profesión por amor á humanidade", e incluso con ironía y pesimismo rogó: "¡Que San Roquiño nos liberte de médicos?!" (Nós. Madrid: Hauser y Menet; 1931:5) con lo que hizo suyo lo enunciado por el que también fue médico y político alemán, Rudolf Virchow (1821-1902): "La medicina es ciencia social, y la política no es otra cosa que la medicina en gran escala". Yo mismo, cuando fui honrado el pasado año con la Medalla Castelao, en las palabras de agradecimiento expresé: "Compráceme especialmente desta Medalla, que leve o nome e a pegada de quen tamén foi médico, primeiro de enfermos e despois de todos os males sociais, económicos, culturais e políticos de Galicia?".

Castelao desarrolló una meritoria producción literaria, la mayor parte en lengua gallega, y destacó como pintor, dibujante, ilustrador y caricaturista. Además, tuvo una intensa, apasionada y comprometida vida política por y para Galicia, hasta el punto de ser considerado uno de los padres del nacionalismo gallego. Su vida y su obra han sido analizadas y recogidas en estimables y numerosas publicaciones, entre las que yo les recomendaría la de Valentín Paz-Andrade: Castelao na luz e na sombra. Vigo: Galaxia; 2012. No obstante, en toda la vida y obra de Castelao, sobre todo en sus dibujos, siempre se vislumbra, de forma implícita o explícita, su formación médica, la cual dio rigor a gestos y actitudes con los que caracterizaba al hombre y a sus cosas. A lo largo de este artículo trataremos de entrever algunos aspectos de esta influencia en su obra. El intento no es, ni mucho menos, nuevo: el doctor Ramón Baltar Domínguez escribió Castelao ante la medicina, la enfermedad y la muerte. Compostela: Bibliófilos Gallegos; 1979. En Rianxo, a la familia Baltar le unía una entrañable amistad con la familia Castelao. El padre del autor del citado libro, don Ángel Baltar Cortés fue, junto con el doctor Manuel Varela Radío, profesor de Castelao en sus primeras prácticas clínicas como estudiante de medicina. En 1911 ambos le operaron, en el sanatorio de su propiedad, de una adenitis cervical tuberculosa -que Castelao reflejó en un ingenioso dibujo- y de nuevo en 1914, en el mismo centro quirúrgico, sufrió una intervención por pérdida de visión, posiblemente ejecutada por el oftalmólogo Ángel Varela Santos (Ponte FJ. Dr. Ángel Baltar Cortés. A Coruña: InÉditor; 2011).

La vocación artística de Castelao se inició desde muy joven de forma autodidacta, pero estuvo muy influenciado por las corrientes satíricas europeas que conoció a través de revistas en las que la caricatura tenía un lugar destacado. En 1909 lo hizo en la revista viguesa: Vida Gallega. Son en ese momento caricaturas y dibujos aún faltos del componente político de etapas posteriores, si bien pronto abandona el matiz puramente cómico para evidenciar el humor ácido, la sorna y la sombra de amargura que siempre le caracterizaron, y a los que después se uniría la crítica y la denuncia política y social. Como ya escribimos en su día (Faro de Vigo, 22.01.2012), entre la extensa y polifacética obra de Castelao, figura el discurso que pronunció en Ourense en 1912, Algo acerca da caricatura, con motivo de la que fue su primera exposición individual de pinturas y caricaturas, logro conseguido gracias al apoyo del dramaturgo, poeta y bibliófilo ourensano Antonio Rey Soto. La conferencia ya la había dictado en Madrid en 1910 y la repetiría en otras ciudades, para finalmente ser editada en Pontevedra. En el campo de la ilustración y del retrato en medicina, tienen especial interés sus caricaturas dada su inclinación realista, lo que se corresponde con lo que él mismo afirmó: "la caricatura no consiste en exagerar los rasgos, sino en hacer selección de los esencialmente expresivos y estudiar a fondo el modelo real". En 1920, con motivo de la exposición de los dibujos del Álbum Nós, Castelao pronunció la conferencia Humorismo. Debuxo Humorístico. Caricatura, en la que definió la caricatura como "la abreviatura del dibujo", ya que se basa en la simplicidad, escoge los rasgos más esenciales y expresivos, y suprime todo lo auxiliar y accesorio. De este modo, lo que es necesario identificar se puede despuntar por defecto o por exceso para destacar la expresión de la verdad.

Ramón Baltar seleccionó, entre la cuantiosa producción artística de Castelao, un centenar de imágenes relacionadas con la Medicina que le permitieron llegar a interesantes conclusiones tales como modificaciones sucesivas de estilo -desencadenadas por las fases evolutivas de de la trayectoria vital azarosa del dibujante, las enfermedades que padeció y los innumerables viajes y cambios de residencia-, o como el limitado número de caricaturas e ilustraciones en que la enfermedad figura como tema principal, de forma especial si se toma en consideración su condición de médico. El autor advierte que son numerosas las imágenes trágicas, tétricas o perturbadoras de enfermos graves, de mutilados, de locos y, de forma destacada, de ciegos. Sin embargo, cuando los dibujos se refieren a la praxis médica, la actitud es humorística, crítica o satírica, hasta el punto de que sugiere antagonismo entre la actividad artística y la médica y hasta un cierto grado de rechazo y censura frente a la medicina, incompatibilidad que nunca manifestó entre el arte y la política.

Baltar admitió que entre su recopilación de dibujos de Castelao "ni están todos los que son, ni son todos los que están". Entre los recogidos distinguió tres períodos. El primero, caracterizado por una visión exclusivamente humorística de los temas, que se corresponde con la época en que era estudiante sin otras inquietudes. El segundo, dominado por el propósito de luchar contra las injusticias sociales y políticas, que coincide con el desarrollo de sus actividades políticas. El tercer y último periodo, es aquel en el que está reducido -pero no vencido- por el fracaso de sus ilusiones, por el destierro y la amenaza de la ancianidad y la ceguera. Asimismo, Baltar reparó en la evolución enriquecedora de los recursos técnicos utilizados por Castelao, sin que por ello perdiese en ningún momento su personalidad inconfundible y original. Y para terminar lo expuesto, distribuyó y clasificó los dibujos recogidos, de modo que pueden ser estudiados por cada lector, ya que como advirtió, no era su pretensión un análisis minucioso de cada obra. Con ello la puerta al análisis quedó abierta a los estudiosos y, dentro de mis limitaciones, entiendo que es sugerente y hasta necesaria esta revisión para conocer cuál fue la influencia de la carrera médica en Castelao. Espero algún día poder analizarlos desde la perspectiva médica.

Hoy solamente quiero referirme a un aspecto que para mí, como pediatra, tiene especial interés, debido a que sus dibujos reflejan en muchas ocasiones la imagen de niños sanos, atribulados o enfermos y también de sus padres, algo que hace también en sus obras literarias. Llamó mi atención sobre esta orientación el artículo de Santiago López Navia, O persoaxe infantil na obra de Castelao, publicado en Follas Secas (1986; 11: 11-24) -interesantísima revista que ha de rescatarse y de la que fue artífice X.M. del Caño-. Castelao definió en particular a los diferentes tipos de niños gallegos: al inquieto e infeliz que corre detrás del automóvil sin poder alcanzarlo nunca; al niño que es consuelo al final de la vida de los padres; al "neno forte de corpo e de alma" que deja a sus padres con deformidades físicas y morales; al niño hijo de emigrantes; al niño negro cubano que trae un indiano, se transfigura en gallego y siente morriña al volver a Cuba como un gallego más, y a muchos otros, cada uno con sus peculiaridades y en las más originales circunstancias. María Victoria Carballo-Calero cataloga once en Cousas de nenos, publicados entre noviembre de 1922 y octubre de 1924 (Os castelaos de Ourense. Ourense: Caixa Ourense; 1985), a los que define como estudios psicológicos en los que refleja inocencia, gracia, picardía? a las que yo añadiría mucha ternura y querencia por los niños. Castelao incluso va más allá y hace en alguno de sus dibujos una verdadera exaltación de la maternidad y del amamantamiento. Y la cosa no queda ahí y recoge en sus relatos breves ilustrados (Cousas, 1919-1927) a niños deseados que no nacieron más que en ilusión de sus padres. Como el caso de doña Florinda que pasó toda la vida, después de sucesivos matrimonios, esperando a un hijo que nunca llegó. Sin embargo, con los años, vieja, arrugada y con chochera creyó finalmente tenerlo y, llena de alegría, se lo comunicaba a todo el mundo y "todos se botan a rir porque as xentes xa non saben emocionarse". O como la historia de doña Micaela que guardaba en frascos con aguardiente los embriones de sus cinco embarazos frustrados: Adolfo, Rosa, Pedro, Ramón y Alicia, hasta que un día, entre sollozos, una criada le confesó: "-¡Perdón, miña ama! ¡Ai, qué desgracia, señora! O señorito Adolfo caemu das máns e rompéuse. - no intre doña Micaela esmorecéuse para sempre". Incluso se diría que en el fondo de alguna de sus creaciones subyace su misma experiencia vital, la tragedia de la pérdida de su único hijo, cuando tenía 14 años de edad, por una peritonitis aguda.