21 de marzo de 2013
21.03.2013

Europa atraca sus bancos

Matías Vallés

21.03.2013 | 00:32

John Dillinger es uno de los legendarios atracadores a quienes se atribuye la mejor descripción de su oficio, a preguntas de un periodista: –¿Por qué roba usted bancos? –Porque allí es donde está el dinero. La Unión Europea de Atracadores ha aplicado esta máxima, en su intento de robar los depósitos bancarios chipriotas. Los embozados Merkel, Hollande, Monti y Rajoy consideraron que Nicosia era el laboratorio ideal, un ensayo con todo antes de desposeer a los ahorradores de otros países. Así se logra mantener intactos los sueldos de los ejecutivos financieros que han conducido a Europa al colapso. Una vez despojados de los pasamontañas que ocultaban su identidad durante el atraco de fin de semana, Merkel y sus lacayos han negado cobardemente su participación. La evidencia del robo les obligó a delatar al más tonto de la banda, el presidente chipriota Anastasiades, para que arreara con las culpas. El efecto psicológico ya se había conseguido. Al atracar sus bancos, Alemania ocupa Europa al grito de "o sacas o te saquean". El análisis político y económico ha degenerado en una autopsia de los valores. Bruselas ha logrado situarse por debajo de la catadura de Putin, y concede al presidente ruso la oportunidad de entonar reproches morales. Así en Madrid como en Bruselas, los flamantes atracadores de bancos intentan administrar la economía como si no hubiera seres humanos. La España del siglo XVIII acuñó la feliz denominación de "sobrantes", para los ciudadanos indefensos pecuniariamente. En aquellos tiempos eran reclutados, hoy se les priva de sus ínfimos ahorros. Los salteadores de la UE se escudan en que pretendían castigar a los evasores fiscales. En tal caso, sería más apropiado que atracaran los bancos suizos y se quedaran con el diez por ciento de su colecta. En contra de las apariencias, en Chipre se ha asistido a un experimento fructífero. La opinión pública ya está acondicionada para ofrecer sacrificios humanos a los mercados. Ni Dillinger se atrevió a tanto.

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