13 de marzo de 2013
13.03.2013

Sin nocendiali (novenas)

ÁNGEL AZNÁREZ

13.03.2013 | 00:00

La renuncia de Benedicto XVI ha impedido ver toda la liturgia de una muerte papal

La renuncia del Papa Benedicto -grandiosa (grandioso es renunciar a ser Vicario de Cristo y Jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano)- tiene el inconveniente de todas las renuncias o repudios, que les suele faltar lo que los "organizadores de eventos" llaman "glamour". Y es que las derrotas e impotencias (el "no puedo más") no gustan musas líricas y flautistas; sólo las renuncias por venganza son de tragedia, reunidas las brujas.

La renuncia de Benedicto nos impidió ver su cadáver saliendo por la puerta de la Sala Clementina del Palacio Apostólico, en cuyo fondo la barca de Pedro -pintada- se zarandea por el temporal. No pudimos oír los rezos salesianos, llorosos, del Camarlengo Bertone; ni ver el frotarse las manos, en maña piadosa, del Decano Sodano. Nos perdimos el enterramiento papal en la cripta "envuelta" la salma papal en tres féretros muy lacrados para quitarles los lacres pronto y ver el "milagro" de lo incorrupto, seguro. Y mientras todo eso debería ocurrir, el llamado "Notario del Capítulo" de la Basílica vaticana, jugaría con papeles y carpetas que dicen que "dan fe", incluso los suyos.

Quedamos, pues, sin "Novendiali" o novenario de misas por el alma del Pontífice; nueve veces sus eminencias cardenalicias, con casullas enlutadas y enrojecidas, encima de cordones y fajas también rojas. Tuvimos -eso sí y algo es algo- las Congregaciones generales (senatoriales), que, en verdad, son lo que nadie dice que son: un durísimo concurso-oposición, en el que se analiza al detalle si los candidatos "proclamados" al Papado dicen o hacen bobadas, incluso con lo del IOR. Los llamados "grandes electores" toman nota y notas, muchas, para lo que ocurrirá después, en el encierro o cónclave.

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