La marca España tenía en el fútbol el juego del Barcelona. En la gastronomía, a Ferran Adrià. La Roja vivía al impulso del toque del equipo barcelonés y había hecho creer que la fórmula era extensiva. El cocinero hizo posible que en muchos lugares se considerara que el futuro de la cocina estaba en el uso del nitrógeno, las salsas de composición desconocida y la tortilla desestructurada. El Barça, derrotado contundentemente por el Madrid en Copa, comienza a ser cuestionado. Adrià ya había sufrido diversas controversias. El Barça, pese al retroceso del último mes, no ha agotado la fórmula, aunque requiere cambios sustanciales. Hablar del final de una época es apresurado.

El Barça no se ha agotado, aunque sí está cansado. La ausencia del entrenador titular es probable que haya influido. La baja forma de varios jugadores no es síntoma, sino realidad constatada. El equipo, desde hacía una decena de ocasiones, había avisado de que no tenía firmeza defensiva y ello le obligaba a marcar siempre más de un gol. Contra el Madrid era previsible que recibiera incluso más de uno porque el contragolpe lo digiere mal.

El equipo azulgrana tiene varios problemas a la vez. Físicamente da la impresión de que los futbolistas están en el tiempo valle, la zona de la temporada en la que por planificación se pasa por un bajón físico. Al tiempo, los mejores hombres del conjunto están sin su clarividencia tan reconocida. Messi ha mostrado escasa inspiración en las últimas actuaciones. El juego es demasiado previsible y facilita a los contrarios mantener una defensa firme. Ocurrió contra el Milan y los sufrimientos frente al Sevilla fueron evidentes. Contra el Madrid se agudizaron todos los males.

Los técnicos de la casa se han empecinado en mantener a Alexis en lugar de Villa y han insistido en aumentar el número de centrocampistas con Cesc como pareja de baile de Messi, con ritmo que no funciona. Cesc está en clara baja forma y el argentino no está en condiciones de seguir intentando el más difícil todavía. No se debe proponer siempre la misma fórmula cuando se comprueba que es obtusa. Messi no está en su mejor momento y por ello no consigue llegar a la situación de remate. Intentar pasar entre cuatro adversarios es obcecación.

El Barça está gris en todas sus líneas y no recurre al plan B más que a la desesperada. Le sirvió contar con Villa y Tello contra el Sevilla y por ello venció. Contra el Madrid se tardó demasiado en intentar la remontada. El Madrid fue tan superior, salvo en los tres primeros minutos del encuentro, que ni siquiera puede servir de coartada el penalti que le hizo Xabi Alonso a Pedro y que Undiano, del que habían dudado los barcelonistas en las vísperas, no pitó.

El Madrid llega a la fase final de la temporada pletórico físicamente. Lo que no había mostrado hace quince días. El sábado se vuelven a enfrentar. La Liga no parece que esté en juego porque hay dieciséis puntos de ventaja de los azulgrana, pero un equipo tan tocado en Copa necesita reivindicarse en el Bernabeu. El Madrid, con sensación de haber perdido la Liga, tratará de humillar al gran rival. En Liga de Campeones es más fácil que el Madrid elimine al Manchester United que lo haga el Barça con el Milán.

El Barça hizo creer que su sistema podía ser imitado y quienes lo intentaron cayeron en el error porque para tal juego era necesario contar con Iniesta, Xavi, Busquets y Messi, y no los tenían en sus filas. Adrià hizo creer que las estrellas Michelin eran salvoconducto de la buena cocina. También empieza a fomentarse el retorno a la tradición. La tortilla, sin reestructurar. Al natural.