No hay manera. No me salen las cuentas. Resulta que he decidido apuntarme a un viaje de esos al espacio que están poniéndose de moda entre los ricos y que están promocionando en Fitur. Te montan a un cohete, te suben a toda leche a 150 kilómetros de altura y te tienen un ratito flotando, dado volteretas y haciendo el ganso sin gravedad. En total, tres horas que te permiten ver la Tierra toda redonda desde más allá de la estratosfera en una postal hasta ahora solo al alcance de los astronautas y de los amantes de los documentales de La 2. Pues bien. Quiero ir. Y no es que sea yo muy amante de las sensaciones fuertes. De hecho, no soy capaz de montarme a una montaña rusa, y jamás le he encontrado la gracia a tirarme de uno de esos palos que hay en los parques temáticos que te sueltan unos metros en caída libre.

El avión tampoco me va. Aún me entran sudores fríos al acordarme del viaje de Barajas a Luxor agarrada al asiento lloriqueando a la menor turbulencia, aunque supongo que los aparatos con los que te llevan al espacio serán más modernos que aquel viejo tupolev que los egipcios debieron comprarle de saldo a los rusos y que parecía a punto de desintegrarse. Pero da igual. El miedo es irracional, así que seguro que, cuando me suba al cohete o al globo estratosférico o a lo que cuernos utilicen para llevarnos de turné al espacio, me entra el pánico. No importa. Yo quiero ir.

El dinero es un problema, desde luego, pero no tanto como hasta ahora cuando los turistas espaciales pagan hasta 50 millones de dólares por ir a la Estación Espacial Internacional. No. Ahora hay empresas que van a empezar a sacar del planeta a turistas por 200.000 dólares. Ya he sacado las cuentas. Como la experiencia dura tres horas, te sale a 832 euros el minuto. ¿Mucho? Pues depende de cómo se mire. A mí me compensa, pero como el sueldo no me da ni de broma, y poner a la venta la casa tal como está el patio inmobiliario no me iba a dar ni para el casco, pido su colaboración, querido lector. Me da igual que su aportación sea en blanco o en negro, en cuenta corriente o en sobre mugroso. Y además, me importa un bledo que luego lo cuente, o que lo escriba en libretas a boli por lo que pueda pasar en el futuro porque, ¿saben?, a poco que me dejen, no pienso volver. Y es que necesito con urgencia encontrar algún lugar en el que no oiga hablar de Bárcenas y los sobresueldos a la cúpula del PP, porque mi capacidad de indignación está ya al límite y no me siento capaz de aguantar un escándalo más sin volverme tarumba. Lo malo es que no sé si la estratosfera está lo bastante lejos o será mejor esperar a que se popularicen los viajes a Marte.