Se lamentará ahora mucho lo poco que hemos querido en España a Agustín García Calvo, que se pasó la vida construyendo el más excelso de los malditos posibles, pero un maldito muy querido deja de serlo de modo automático. A veces algún burócrata le tildaba de incoherente, pero lo suyo no era la coherencia, sino la consistencia. Si uno pasea por la Rúa de los Notarios, en la deliciosa Zamora, se encuentra con la minúscula y somera Editorial Lucina, que él creó para editarse. Hizo su crédito como filólogo, poeta y dramaturgo, pero yo he consumido más sus ensayos, y de uno de ellos ("Contra la pareja") tengo siempre algún ejemplar envuelto para regalar al amigo que lo merezca. Cuando hace cuatro décadas proclamó la Comuna Antinacionalista Zamorana, texto que puede comprarse en Internet por 3 euros, puso en nuestras manos el antídoto drástico frente a la secesión de Catalunya, y cualquier otra.