04 de noviembre de 2010
04.11.2010

"Vulcanistas"

José Domínguez - Director general de Factorías Vulcano

04.11.2010 | 08:57

Para entender la intensidad con la que Factorías Vulcano –trabajadores y empresa– se esfuerza por superar el momento crítico que está atravesando hay que recordar su historia. Comienza en 1919, con la pasión de un joven Enrique Lorenzo, quien junto a Ludovico Morlón, ingeniero belga apodado "el Francés", fundó un pequeño taller de reparación de calderas de vapor en la –hoy– céntrica calle Canceleiro de Vigo: "La Vulcano". Tendrán que pasar más de 20 años reparando y fabricando calderas de vapor para la industria conservera y pesquera hasta que, en 1941, se inicia la construcción de la primera unidad naval.
Vigo se desarrolló a partir de aquellos años con trabajadores llegados desde todos los puntos de Galicia que se incorporaban a una pujante industria de construcción naval en la ría. Al tiempo que se diseñaban y construían aquí los más modernos buques de pesca, con los que los gallegos faenaban en todos los mares del mundo, nacía también en el seno de los astilleros una conciencia social que resultaría ser uno de los motores del cambio en la década de los 60 y 70 en Vigo, Galicia y España.
Aquellos todavía eran tiempos de gran actividad en nuevas construcciones de buques, pero pocos años después el trabajo comenzó a escasear y los astilleros se encontraron con unas plantillas sobredimensionadas –configuradas para una situación de pleno empleo permanente– y ante un grave riesgo de quiebra y desaparición de todo el sector naval.
En 1984 los planes del Ministerio de Industria en la llamada primera reconversión naval decretaban el cierre de Ascón y Vulcano en la ría de Vigo. Ascón cerró?, pero Vulcano, no. Y esto no fue un hecho casual, sino la consecuencia de un sentimiento/movimiento que ya existía dentro de este astillero y que aglutinaba a todos sus estamentos. A este movimiento/sentimiento se le dio un nombre: "el Vulcanismo". A él pertenecieron todos: directivos, como el propio fundador, Enrique Lorenzo, o su director general durante tantos años, Florencio García de la Riva; sindicalistas históricos como Waldino Varela o Antonio Sangabriel, pero también diputados, profesores universitarios y muchos otros que habían dejado buena parte de su vida en Vulcano. Defender la viabilidad del astillero y sus puestos de trabajo frente a cualquier argumento "contable" y por encima de intereses particulares, ideologías y afiliaciones era la piedra angular de este movimiento/sentimiento.
Con la llegada de Fernando Santodomingo –insigne "Vulcanista"– al accionariado de la sociedad en 1986 se abre una nueva etapa de esplendor para la empresa. Desde una situación patrimonial claramente mejorable, pero con una enorme capacidad para introducirse en los mercados internacionales más exigentes y con los productos tecnológicamente más avanzados, Fernando Santodomingo demostró que la viabilidad de un astillero está en "contratar, construir y entregar" y que, haciendo bien las tres cosas, los balances se van equilibrando.
Rusia, Australia, Suecia, Alemania o Italia fueron algunos de los países destinatarios de los buques construidos por aquellos años. Con productos cada vez más complejos, en el año 2000, Vulcano fue el primer astillero en contratar un buque "off–shore" para el entonces desconocido mercado noruego, y que hoy ha resultado ser el principal cliente del sector naval de la Vigo. Curiosamente, en ese mismo año se produce otro momento de profunda crisis de la que, una vez más, Vulcano sale muy reforzado y con una excelente cartera de buques quimiqueros: "el Vulcanismo" así reaparece.
En paralelo, continúa imparable el proceso hacia el "astillero de síntesis", hacia el "astillero de integración", por el que la fuerza de trabajo en la construcción de buques se desplaza hacia una industria naval "auxiliar", que es cada vez más potente y profesionalizada, que va adquiriendo mayores responsabilidades en la construcción naval, por lo que va perdiendo el calificativo de "auxiliar". La competitividad del sector ya está determinada por la competitividad agregada de astilleros y esta nueva industria naval. Este es el factor diferenciador que ha hecho de Vigo el principal polo industrial naval privado de España, sin comparación posible, y uno de los más importantes de Europa.
Atrás ha quedado –confiamos– una conflictividad en Vigo, a veces sin mucho sentido, que ha hecho peligrar contratos y que ha transmitido una imagen totalmente distorsionada de un sector naval que, día a día, se esfuerza por hacer los mejores buques para competir en un mercado muy exigente y absolutamente globalizado.
La última gran amenaza para el futuro de Vulcano ha llegado del fracasado intento por extender a otros puntos de la geografía el afán por construir más y mejores buques. A la filial Factorías Juliana, de Gijón, se llevaron los contratos de cuatro sísmicos y un cementero; de vuelta han llegado tres cancelaciones y la liquidación de la sociedad y, como consecuencia, la presentación de un "preconcurso" y nuevamente una situación patrimonial comprometida.
Pero esto ha ocurrido en un contexto de carga de trabajo, y la salida no puede ser otra que la continuación de las obras para la terminación y entrega del buque sísmico 533. Así lo entendió también la Consellería de Industria de la Xunta de Galicia, que está prestando todo su apoyo para evitar que un colapso de Vulcano pueda afectar gravemente a una industria naval local ya muy perjudicada. Posteriormente, dentro del proceso concursal, corresponderá la elaboración de un plan de viabilidad –muy bien soportado– que permita la continuidad de la empresa y la activación de nuevos contratos para los que ya hay acuerdos con armadores.
Vigo nació, creció –y solo tiene sentido– como urbe industrial y no puede renunciar a esa naturaleza porque languidecería como ciudad. Hoy corresponde a todos los vigueses manifestarse, no por una empresa en concreto, sino por la defensa de un sector naval que ha sabido –como Vigo– superar múltiples dificultades y que solamente tiene futuro en nuestra ciudad. Porque es aquí donde se localiza la mayor concentración de empresas, de trabajadores, de conocimiento de la industria naval en España. Parafraseando a un eslogan de éxito, hoy, "Vulcanistas somos todos".

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