La celebración de los 200 años de nuestra ciudad debería servirnos a todos para dos cosas: la primera, congratularnos de haber conseguido en 200 años convertirnos en una ciudad exitosa, con un elevado grado de bienestar, y unos valores de libertad e igualdad, mejorables pero, sin duda, entre los mejores de los que disfrutan los seres humanos que vivimos en este momento. La segunda cuestión es que el pasado está amortizado y, por lo tanto, en vez de recrearnos en viejas glorias, deberíamos reflexionar y discutir cómo podemos hacer un futuro mejor, partiendo de las ventajas y debilidades que tenemos como sociedad.

Como la mayoría de los que han hablado estos días se han dedicado a regalarnos los oídos, les invito a pensar sobre dos hechos que marcarán nuestro futuro inmediato, y que nadie menciona, aunque todos sabemos que son así.

Vigo creció y se desarrolló porque miles y miles de personas vinieron buscando un futuro mejor para sus hijos y sus nietos; más bienestar, pero también más libertad y más igualdad de oportunidades. Así llegó en 1923 mi padre y consiguió mandar a la universidad, a la que él no pudo ir, a sus 3 hijos. Ese es el éxito de nuestra ciudad. Los hijos y los nietos, en general, vivimos mejor que nuestros padres y nuestros abuelos, hasta hoy. Por primera vez en nuestra historia, nuestros hijos y nuestros nietos pueden vivir peor que nosotros, incluso siendo universitarios; pueden estar condenados al paro, al subempleo y al trabajo precario…; tienen menos oportunidades a pesar de estar mejor formados; y su capacidad de empleo ya no depende fundamentalmente de lo que saben, sino de a quién conocen ellos o sus familias para que les ayuden a colocarse.

El segundo hecho notorio es que llevamos tres años en los que el informe Ardan, iniciado cuando fui alcalde de todos ustedes, nos dice que ya no somos la primera potencia económica de Galicia. Que con menos habitantes y menos empresas, la comarca de A Coruña tiene más empleos (27,8% de Galicia) y más valor añadido bruto (32,24% de Galicia) que nuestra área urbana (23,27% del empleo y 23,91% del valor añadido bruto). Y esa asimetría se refleja en los flujos del puerto y del aeropuerto; y si ustedes hacen el esfuerzo de sumar las principales áreas urbanas de Galicia, verán que el eje Santiago-Ferrol-A Coruña-Lugo es cada día más potente en relación con el Salnés-Pontevedra-Vigo-Ourense.

A diferencia del siglo XX, en el que el futuro de Galicia estaba en el Sur, en el siglo XXI si no cambiamos las cosas estará en el Norte de Galicia.

Mientras escribo esto, al final de un día lleno de consultas a niños, me encuentro con que el debate público en Vigo se reduce a metros de aceras, materiales de las mismas, flores, edificios, trenes…; pero nadie nos habla de cómo podemos volver a ser la ciudad con más oportunidades y con más igualdad para estos niños de hoy.

No hay peor sordo que el que no quiere oír; ni peor ciego que el que no quiere ver. Me duele que caigamos en el mismo error que cayó mi gobierno en Madrid, que tanto negó la crisis que ha perdido su credibilidad. Si queremos otros 200 años de éxito para Vigo, aprendamos de que en un mundo globalizado incluso las políticas locales tienen que tener una visión global. Si queremos 200 años más de éxitos para Vigo, corrijamos nuestros defectos con humildad y realismo, porque, de no ser así, corremos el riesgo de morir de éxito.