07 de marzo de 2010
07.03.2010

Los cheguevaristas románticos

Álvaro Otero

07.03.2010 | 07:30

Esta semana se ha montado un gran cirio mediático alrededor del actor español Willy Toledo, quien, en declaraciones a los medios de comunicación, insistió en el carácter de preso común de Orlando Zapata, el albañil y fontanero que murió recientemente en Cuba tras pasar ochenta y seis día en huelga de hambre. Zapata fue encarcelado durante la llamada Primavera Negra de marzo de 2003, la oleada represiva que llevó a la cárcel a decenas de disidentes cubanos, entre ellos al periodista y poeta Raúl Rivero. En el momento de su detención participaba en una huelga de hambre colectiva, organizada por el movimiento prodemocrático Asamblea para Promover la Sociedad Civil. Fue acusado de desacato, desórdenes públicos y desobediencia civil, y condenado, tras varios juicios posteriores celebrados dentro de la cárcel, a un total de treinta y seis años de prisión. Cabe decir que Amnistía Internacional considera a Orlando Zapata un "preso de conciencia", y que su investigador para el Caribe, Gerardo Ducos, ha declarado que su muerte es un ejemplo de la desesperación a la que se enfrentan quienes, como él, "no albergan esperanzas de ser liberados de su injusto y prolongado encarcelamiento". AI reclama también una investigación sobre las clamorosas denuncias de torturas en las cárceles cubanas, y Human Rights Watch, rigurosa organización a la que conozco y a la que me honro en pertenecer desde hace años, tiene colgado en la portada de su página web (www.hrw.org/es) un demoledor informe de nueve capítulos cuya lectura les recomiendo a los revolucionarios de café y cheguevaristas románticos que tanto abundan por estos pagos, y cuyo monumental extravío parece haberse concentrado en las palabras del mencionado Willy Toledo. Leídas y escuchadas con detenimiento, y contemplado con asombro, una vez más, ese cajón de sastre ideológico donde cabe todo para justificar la barbarie cubana (la represión en Gaza, Guantánamo, los torturadores gobiernos de Occidente, China, el bueno de Chávez contra el malo de Uribe y, claro, el imperialismo yanqui), uno no puede sentir más que tristeza ante el patético espectáculo de este actor que, gracias a la libertad de expresión que aquí sí se le concede, carga contra un muerto utilizando esa mezquina calificación de preso común, utilizada a la desesperada por el régimen castrista para desprestigiar al fallecido disidente. Pero la cuestión no es tanto este Toledo cuanto quienes como él persisten aquí en la defensa numantina de este antiguo sueño convertido pronto en pesadilla. Quienes continúan, un poco de coña, otro poco no tanto, calificándonos de gusanos a los que escribimos estas cosas. Quienes se niegan a reconocer que la Historia ha dado la vuelta en Cuba, y que la lucha de entonces tiene que estar ahora con los verdaderos valientes, con los que se juegan la vida por sus ideas, con Zapata y con Rivero y con Guillermo Fariñas, que se extingue lentamente y, por encima, todavía tiene que soportar la patética visita del recadero de Moratinos, uf, pidiéndole que no se muera en plena presidencia española de la Unión Europea. Este, y no otro, es el verdadero calado de la Alianza de Civilizaciones que defienden algunos. La del compadreo y el pasteleo. La de la cobardía. Y en el medio, como corifeos, los Willy Toledo de turno.

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