02 de enero de 2010
02.01.2010

Promesas rotas

Gloria Lago (presidenta de Galicia Bilingüe)

02.01.2010 | 07:30

No era una promesa cualquiera; no les había dicho que arreglaría la economía o el problema de la vivienda. El candidato les ofreció una frase, dos, tres a lo sumo, pero en ellas estaba el inicio de la solución. Las escucharon muchas veces en la radio, en las entrevistas y en las retransmisiones de los mítines, y las grabaron para recordarlas si pasaba de candidato a presidente, para convencerse de que eso ya no se lo quitaría nadie. Podía haberlo dicho cualquier otro, pero lo dijo él. Y comenzó a gestarse una magia extraña, ese duende que adorna a los políticos tornándolos de simple candidato en líder. Porque había logrado generar ilusión. Esa palabra, ese significante con dos significados que tristemente ha acabado con uno solo, el del ilusionista que saca mariposas de papel de su chistera.
María se implicó más que otras. Estaba cansada de traducir apuntes, del diccionario, y de ver a su hijo de 4º de ESO leer un libro del instituto que no contaba aventuras, ni tampoco historias de amistad, sino que hablaba de una nación y de una joven que se hizo una foto para poder apreciar la diferencia al convertirse en "neofalante". Sólo la Religión y la Música las estudia en su lengua. Por eso María comenzó a recoger firmas en la calle, para ganar un derecho, el derecho a elegir. Con ella Begoña, cuyos hijos aprenden a leer en un idioma que no es el de sus primeras palabras. Jesús decidió implicarse más el día que los normalizadores de su hijo lo llevaron a correr por las calles tras una pancarta que decía que quería crecer en un idioma que no era el suyo. El año que viene empezará bachillerato. Bea tiene una hija en 2º de primaria. Supo que hay una Ley que reconoce su derecho a recibir la primera enseñanza en lengua materna, pero eso no se respeta. Su marido nunca había votado las siglas del candidato, hasta que ella le dijo que, por una vez, las personas de la calle podían cambiar algo. El hijo de Elena es el único que lleva a clase el libro en su idioma y la profesora dice que es la oveja negra. Elena se alegró cuando oyó al candidato prometer que eso cambiaría si confiaba en él.
Aprendieron que en otros países con varias lenguas se elige el idioma en la enseñanza, y que a nadie se acusa de odiar una lengua por preferir que sus hijos estudien en la otra, porque no las asocian a ideología y se intenta conservar las minoritarias sin imponerlas. El candidato no prometió eso, sino que elegirían la lengua de las troncales, las más difíciles, y pensaron que si podía hacerse ya, les parecía bien. Mientras, el candidato las veía alcanzar las 100.000 firmas y mostraba su comprensión al saber de los apuros que pasaban en las calles y de su miedo cuando llegaban los radicales a insultarlas, incluso se acercó a fotografiarse con ellas cuando lavaron en público un coche roto y pintado con unos colores que, al parecer, ellos odiaban. A la manifestación que organizaron no pudo ir pues tenía que viajar más allá del océano, pero sus compañeros sí estaban allí detrás de la pancarta reclamando el derecho de los padres a elegir. No supieron de sus dificultades para organizar una movilización con medios caseros, ni de las cartas amenazantes de los días previos, pero sí pudieron ver la cara más amarga del fanatismo en los rostros de quienes quieren más a una lengua que a las personas.
El miércoles pasado a las 21 horas conocieron el nuevo Decreto que el candidato, ahora presidente, había hecho por fin para todos. El pequeño de Begoña tendrá la clase en su idioma pero el de Marta, su vecina, no; sólo son dos los niños gallego-hablantes, así que no es la lengua predominante en el aula. Bea tendrá que escoger: en su lengua, o Mates o Conocimiento. Igual que antes, la LNL no se respetará. María podrá elegir las dos, pero el resto las repartirá el centro entre los dos idiomas. Imagina que si antes habían superado el 50% obligatorio, ahora la Biología y la Física se las impondrán en la otra lengua. El hijo de Jesús aún no sabe qué elegirá el centro para él en bachillerato, pero supone que para su lengua quedarán las asignaturas menos difíciles. Es el único que había empezado antes a desconfiar, porque ya gobernando el candidato, habían vuelto a llevarlo a correr por las calles, esta vez con una camiseta que decía "eu nunca serei yo". Elena se convertirá en una "outlaw" si quiere que su hijo siga llevando todos los libros en su idioma; el artículo 8.1 es muy claro. Al menos antes en ese aspecto había ambigüedad.
Escucharon de nuevo la grabación de las promesas, la que les garantizaba la casilla para todos en el sobre de matrícula, la de los libros en su lengua, y la que aseguraba que se vaciarían los colegios de ideología para llenarlos de conocimiento. Ninguno de ellos sabe todavía que el decreto será más difícil de llevar a la práctica que si se hubieran cumplido las promesas. Lo que sí saben es que se cierra la puerta a un derecho, a un principio que con futuros gobiernos sería muy difícil de retirar.
Pero no deben sentirse utilizados; es fácil engañar a quien no tiene nunca intención de hacerlo. No deben desanimarse, sino volver a las calles a informar con la palabra, a trabajar para que el Decreto sea mejorado. Ya no tendrán confianza en el candidato, hoy presidente; sólo en sí mismos, pues lo avanzado, aunque lejos de lo prometido, es fruto de su esfuerzo.

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