17 de octubre de 2009
17.10.2009
Crónica Política

El termómetro

Javier Sánchez de Dios

17.10.2009 | 02:10

A estas alturas, y aunque lo que ha ocurrido en la negociación del convenio del metal de Pontevedra puede servir de termómetro, es difícil de pronosticar hasta dónde llegará la temperatura de este otoño laboral. Sobre todo por una razón: no parece que la cuestión salarial, decisiva en otras ocasiones, resulte esta vez así: la crisis ha hecho cambiar algunas prioridades, entre ellas la propia consideración del trabajo, que ha pasado a ser un bien escaso.
En ese marco será preciso ver cómo se las arreglan, patronal y sindicatos, para encajar dos piezas tan difíciles de ajustar como éstas. Los empresarios tienen a la hora de establecer los costes unos muy estrechos márgenes de maniobra que no pueden superar porque el riesgo no es ya ganar más o menos, sino sobrevivir o sucumbir. Y los sindicatos, que hasta ahora ponían el acento, con razón, en el empleo estable -decente, en términos de las recientes manifestaciones- habrán de flexibilizar sus conceptos.
En todo caso, hay un dato que resulta especialmente curioso: la ausencia -o, por lo menos, la escasez- de referencias, sobre todo desde la parte sindical, al posible establecimiento de un marco de relaciones laborales que se aplique al nuevo modelo productivo que el gobierno quiere desarrollar por ley. Y como no es imaginable llegar a ese modelo sin reformar lo otro, o se eliminan esas incógnitas o lo que habrá es, en la práctica, pan -entendido como pax laboral- para hoy y hambre, en forma de conflictos, para mañana. Y de eso se hablará, tarde o temprano.
En este punto quizá no estorbe otra reflexión: la de que ha de quedar muy claro que la reforma laboral no tiene por qué ser equivalente a restricción de derechos de los trabajadores, del mismo modo que hasta ahora los existentes no han supuesto merma de estabilidad ni de beneficios para las empresas. Y es básico que ambas partes no sólo lo entiendan, que lo entienden, sino que lo asuman, que es harina de otro costal; y no tanto por la realidad cuanto por los tópicos.
Ese aspecto, el de establecer nuevos marcos, será el auténtico termómetro de lo que cabe esperar para la economía gallega del futuro mediato. Con la perspectiva inmediata de que la prioridad ahora es defender el puesto de trabajo más que cualquier otra cosa. De ahí que cuanto antes se abra un diálogo serio y sin tabúes, mejor para todos: patronal, sindicatos y, por supuesto, los demás.
¿O no...?

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