06 de abril de 2009
06.04.2009

Igual de desgraciados

Juan José Millas

06.04.2009 | 02:00

Por lo visto, el problema de la poesía es que no da dinero, mientras que el problema de la novela es que da dinero. El problema de la poesía es que no ha entrado en el mercado. El de la novela, que ha entrado en el mercado. Si la poesía comenzara a dar dinero y la novela comenzara a perderlo, el problema de la poesía sería su mercantilización y el de la novela su falta de mercantilización. Tengo un amigo que es poeta y novelista a la vez. Con las novelas gana premios que le permiten comer y pagar la hipoteca, mientras que con la poesía se mantiene al margen de las sucias maniobras comerciales del mundo editorial. Como novelista, es un ser despreciable, entregado al vil metal, mientras que como poeta es un ser puro. Cuando acude a una cena de novelistas, se pone traje y corbata; cuando cena con sus amigos poetas, va hecho un desastre, en plan bohemio. A veces, se confunde y actúa como novelista donde debería actuar como poeta y al revés, lo que aprovecha para escribir un nuevo poema o un cuento nuevo. Si se trata de un poema, lo guarda en un cajón, a la espera de reunir los suficientes para publicar un volumen; si se trata de un cuento, lo vende a una revista literaria o a un periódico y aquí paz y después gloria. La convivencia entre el poeta y el novelista no siempre es sencilla, pues el novelista reprocha al vate su inutilidad radical para ganarse la vida mientras que el vate echa en cara al narrador el hecho de que le ponga precio a todo. El novelista tiene agente literario; el poeta, no. Al novelista lo invitan a dar conferencias en las cajas de ahorro; al poeta, no. Al novelista le gusta el cocido; el poeta es un poco anoréxico. El novelista está casado y tiene hijos; el poeta vive solo, en una buhardilla con goteras. ¿Seguimos con las diferencias? Quizá sería más productivo abundar en las coincidencias. El novelista, en el fondo, es un poeta, lo mismo que el poeta, en última instancia, es un novelista. Si fueran capaces de aceptarlo, tal vez lograran escribir un poema narrativo o una narración poética. Pero eso sería un híbrido y no nos gustan los híbridos. La novela tiene que ser novela y la poesía tiene que ser poesía. Si el poeta fuera más dichoso que el novelista, o viceversa, todo este conflicto carecería de importancia. Pero son los dos igual de desgraciados.

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