26 de noviembre de 2008
26.11.2008

Gatos, políticos y psicópatas

José Manuel Ponte

26.11.2008 | 01:00

Estuvo por estas tierras el psiquiatra canadiense Robert Hare, al que en la prensa definen como "el mayor experto en psicópatas criminales del mundo". Desconozco si es cierto porque soy lego en la materia y ya todo se expresa en términos tan exagerados que más parece que anuncian a un forzudo de aquellos que arrastraban tranvías con la boca que a un hombre de ciencia. El señor Hare vino a dar una conferencia y dijo, como es natural, cosas muy interesantes sobre su especialidad, aunque no dio pistas sobre quienes son en la actualidad los psicópatas criminales más peligrosos del mundo, al menos los que el haya podido tratar en su consulta. Imagino que un poco por guardar el secreto profesional y otro poco por prudencia. Y tampoco nadie se atrevió a preguntárselo. No obstante, el profesor canadiense señaló que los psicópatas se caracterizan por tener una gran capacidad de convencer y manipular a las personas, de tal suerte que, si él padeciese ese trastorno, muy probablemente se hubiera dedicado a la política, pues en esa en actividad "importa más como aparentes ser que como realmente seas".
Psicópatas hay muchos y hay que tener mucho cuidado con ellos porque suelen ser encantadores de trato en el momento de conocerlos, aunque no siempre derivan hacia comportamientos delictivos. De hecho, bastantes no traslucen sus trastornos de personalidad y hasta se desempeñan brillantemente en las artes, en la vida profesional y los negocios. La edad ideal para tratarlos preventivamente, desde un punto de vista médico, la sitúa Hare entre los siete y los ocho años ya que, más adelante , a partir de la adolescencia, puede ser demasiado tarde.
Bien, todo esto es más o menos conocido por cualquier persona medianamente formada pero, del resumen que hace la prensa sobre la conferencia, me interesó el paralelismo que establece el profesor canadiense entre el comportamiento de los gatos con los ratones y el de los psicópatas con otros seres humanos. "El gato -dice Hare- es un psicópata- y no le importa lo que sienta el ratón entre sus garras ¿Se le puede pedir que no actúe como un gato?". El ejemplo esta bien traído para aludir a la insensibilidad moral de los depredadores respecto de sus víctimas, pero abre la vía para justificar de algún modo una conducta delictiva. El gato se mueve dentro de los límites de su instinto pero no ejerce alevosamente la crueldad y, por supuesto, nunca la dirige hacia sus congéneres, como sucede con el hombre, sea o no psicópata.
Hace bastantes años, recuerdo haber leído que un psiquiatra norteamericano ( he olvidado su nombre) propuso que las personas que se dedican a la política pasasen previamente un examen psiquiátrico como rutina habitual. Del mismo modo que se les exige hacer declaración de bienes, someterse a un régimen de incompatibilidades o responder a un interrogatorio sobre diversas cuestiones ante una comisión parlamentaria antes de ocupar un cargo de especial responsabilidad. Sostenía que un examen de esa clase podría haber evitado, por ejemplo que un psicópata como Hitler hubiese llegado al poder en Alemania, una nación culta, desarrollada y aparentemente estable que se vio arrastrada por un viento de locura colectiva y cayó en la mayor abyección moral. La propuesta es seductora pero inviable. Los políticos y los psicópatas son ladinos y están bien organizados. Los gatos, no. Y así les va.

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