20 de noviembre de 2008
20.11.2008

En la muerte de Manolete

José Manuel Ponte

20.11.2008 | 01:00

Pese a que se trata de la llamada Fiesta Nacional, no abundan las buenas películas de toros en la filmografía española aunque quepa reseñar algunos títulos que se salieron de la mediocridad. Por ejemplo "Tarde de toros" (1955) de Ladislao Vadja, "El niño de las monjas" (1958) de Ignacio Iquino, y "Currito de la Cruz" (1965) de Rafael Gil. La primera de ellas tuvo el aliciente de que entre los actores principales se contaban tres toreros profesionales como Domingo Ortega, Antonio Bienvenida y Enrique Vera, lo que dio verosimilitud a las escenas de lidia, que se rodaron en tres corridas celebradas al efecto en la Monumental madrileña. El maestro toledano hacia el papel de la vieja gloria que va de capa caída, el madrileño, de la figura que está en el apogeo de su carrera, y el joven murciano, del prometedor debutante que viene a comerse el mundo. Otras películas sobre el mismo tema se limitaron a aprovecharse del tirón y de la popularidad momentánea de ciertos toreros como Chamaco, El Cordobés, o Palomo Linares. Lo cierto es que, falta una gran película española sobre los toros, de la misma forma que faltan una gran película y un gran libro sobre la guerra civil aunque hubo intentos estimables. Lo mejor en ese sentido nos ha llegado siempre desde fuera y sigue siendo válida aquella opinión de Josep Plá cuando dijo que el que mejor había escrito sobre ambos temas era el norteamericano Ernest Hemingway. Quizás ante esa clamorosa carencia, se ha intentado recientemente llevar a la pantalla la vida y muerte de Manolete con una superproducción en la que (como suele decirse en el argot profesional) "no se han escatimado medios". Y precisamente de ese derroche presupuestario han surgido problemas de financiación y enfrentamientos entre el director holandés Menno Meyjes y el productor español Andrés Vicente Gómez, que han retrasado el montaje final y el estreno de la película. El papel del legendario matador cordobés se ha encargado al actor norteamericano Adrien Brody, que no habla ni papa de español, y el de su novia, Lupe Sino, a Penélope Cruz. Al cabo de los años, la figura de Manolete sigue encendiendo polémica. En un programa de la televisión andaluza, que grabó un colega mío, muy aficionado a los toros, se pasó un reportaje sobre aspectos no bien aclarados de su vida y de su muerte en la plaza de Linares... Allí se dijo que, su apoderado Flores Camará y Álvaro Domecq, que disponía de un poder de administración ilimitado sobre sus bienes, se opusieron a que Lupe Sino se acercase al lecho donde agonizaba por temor a que una boda "in articulo mortis" trastocara las previsiones sucesorias. Y tampoco está muy clara la maniobra de ir en coche hasta Madrid para traerse de vuelta a dos conocidos cirujanos cuando podían haberse ahorrado tiempo viniendo directamente desde allí, tras llamarlos por teléfono. Imagino que, en las cercanías de Linares (Jaén, Córdoba o Sevilla) habría médicos de sobra con experiencia para atenderlo y desplazar hasta allí un quirófano de campaña. Eran tiempos de posguerra y cirujanos avezados, con practica de trabajar en circunstancias difíciles, no escaseaban. En cualquier caso, toda responsabilidad ha prescrito. Han pasado 41 años desde el 28 de agosto de 1947, pero sigue habiendo puntos oscuros en aquel drama. Aguardemos a la película.

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