28 de julio de 2008
28.07.2008
CRÓNICA POLÍTICA
 

El tenderete

28.07.2008 | 02:00

JAVIER SÁNCHEZ DE DIOS

De modo que, a la vista -o mejor, al oído- de las fórmulas que desde el Gobierno y la oposición dan para paliar los efectos de la crítica desaceleración -que a base de destrucción constructiva tan fuertes ajustes comporta-, al famoso loro del chocolate le va a dar una indigestión de mucho cuidado. O, al menos, un ataque de ansiedad a la hora de elegir a quién atiende primero: si a la Xunta, que quiere congelar el empleo público, o al PPdeG, que se conforma con los sueldos de los altos cargos. Hosanna.
Y es que, dicho sin ánimo de ofender, ambas las dos propuestas tienen bemoles. La oficial porque la reducción de funcionarios no hará sino aumentar los cargos llamados "de confianza" que, aparte de en los de familia -como antaño- se buscan en los libros de afiliación del partido gobernante o de sindicatos o colectivos afines.. Y eso sin tener en cuenta que, como está más que demostrado, tampoco ahora tiembla la mano a la hora de aumentar los chiringuitos o recurrir a las asesorías externas.
En el otro lado hay algo muy parecido. El señor Núñez Feijóo, desde Sanxenxo -caramba- propuso no la supresión de altos cargos o la reducción de sus salarios, sino la congelación -o sea, el aumento del IPC- con lo que se mantienen del todo confortables. Y, como estrambote, aludió a los gastos y fastos publicitarios de sus desmemoriados rivales, algo en lo que tiene toda la razón. Lo malo es que él incurre en el vicio de los miopes bíblicos: ve la paja en el ojo ajeno sin notar la viga en el propio. Pardiez.
En realidad, los ejemplos de uno y de otro fallan porque ambos parten de la misma concepción del tenderete al que llaman "apparat" y que extienden de los partidos a la Administración, alumbrando así una especie de carcasa inútil, parásita y extraordinariamente costosa. Cierto que ni siquiera eliminándola de un plumazo -lo que no osaría ninguno- se resolvería de verdad el problema, pero ayudaría y, desde luego. ya no sería el chocolate del loro. Y sentaría bases para que la gente corriente creyera sus prédicas.
Y es que ahí, en la credibilidad, está el fondo de la cuestión. A una buena parte de los políticos profesionales no les gusta oírlo o leerlo -les disgusta tanto que descalifican la crítica por "demagógica"-, ni que se hable de que sus salarios son muy superiores a la media gallega, de que la condición de funcionarios de bastantes les garantiza el puesto de trabajo caso de que en las urnas les vaya mal o de las ventajas que su cargo les otorga para la jubilación, pero todo eso existe.Y, mal que les pese, los aleja de la gente.
Moraleja; que quizás, en vez de poner tantos ejemplos, deberían empezar por aplicárselos.
¿No...?

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