26 de julio de 2008
26.07.2008

¿Quién miente sobre la Ley de Dependencia?

26.07.2008 | 02:00

Andrés Aberasturi

A ver: o los ministros no se comunican o algunos van por libre o nos engañan de una forma pertinaz y hasta inmoral. Me refiero a las consecuencias de la no-crisis económica y el gasto social. En la comparecencia tras el Consejo de Ministros del jueves, tanto la vicepresidenta del Gobierno como el vicepresidente Solbes, aseguraron una y otra vez -y hasta se refirieron de forma específica a la Ley de Dependencia- que era prioritario para el Ejecutivo cumplir con el gasto social previsto. Y hasta ahí todo bien si 48 horas antes la ministra Cabrera no hubiera descartado en el Consejo Territorial de Dependencia que "la coyuntura económica que atravesamos no tenga algún tipo de influencia en el despliegue de la Ley de Dependencia". Y no sólo no lo descartó sino que los responsables autonómicos llegaron a la sede del Ministerio con la intención de repartirse el 50 por ciento de los fondos estipulados -871 millones-, pero de ese montante el Estado sólo ofreció 241. El clamor fue generalizado y la pregunta -que nadie hizo tras el Consejo de Ministros- es si Cabrera iba por libre o los dos vicepresidentes estaban mintiendo descaradamente.
Aunque la pregunta hubiera dado lo mismo: se salen por una esquina y hablan del compromiso, del esfuerzo, de la voluntad y de la progresía para terminar no asegurando nada en un momento tan complicado de la economía internacional. Pero hay cosas con las que no se debería jugar, cosas que van más allá del dinero y que no es bueno prometer si se intuye que no se va a poder cumplir y menos aun vender como "el cuarto pilar del estado del bienestar" cuando ellos mismos sabían que los cimientos de ese pilar estaban pegados con engrudo en sus orígenes y la no-crisis ya está reblandeciendo aun mas todo ese edificio sin ladrillos, esa aspiración noble que debería haberse presentado desde el principio como una declaración de intenciones más que como una realidad. Hay tanta sensibilidad acumulada en la gente a la que puede afectar esa Ley de Dependencia, tantos años de lucha, de silencio, de desesperación y de valentía, que casi no debieron no digo ya mentirnos, pero si al menos haberlo presentado con más humildad y advirtiendo de que esto es a largo plazo y no tan bonito como lo han pintado.
La ministra del ramo ha dejado para septiembre el espinoso tema del copago que podría llegar a comprometer las viviendas habituales de los ancianos que reciben atención en residencias y otros centros. Ni la Ley se podrá aplicar en los plazos previstos, ni todos los que se acojan a ella van disfrutarla: algunos obtendrán algo, muchos van a seguir como ya estaban y es posible que para unos cuantos sea más una cruz que una salvación.
Hay medidas que indignan, otras que mosquean (la compra de suelo a las inmobiliarias: ¿a qué precio? ¿a qué inmobiliarias? ¿con qué criterios?) y alguna que indignan, mosquean y entristecen: faltar a la verdad o no aclarar -porque aclarando la cosa no resulta tan bonita- algo tan sensible como la Ley de Dependencia, su presente y su incierto futuro no es que sea malo, es que resulta radicalmente inmoral. No nos mientan en eso; en eso, al menos, no.

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