20 de julio de 2008
20.07.2008

De aromas corporales, nichos del amor y zonas húmedas

20.07.2008 | 02:00
A falta de espacio en pisos, acabarán utlizando hasta escaparates. efe

Fernando Franco

Sostiene una amiga mía que la supervivencia de la pareja es, más que una prueba de amor, una cuestión de espacio. Según ella hay una distancia terapéutica mínima, ecológica, que las partes implicadas en este "pas de deux" conyugal debieran disponer en su madriguera cotidiana para no tropezar demasiado y, desde luego, nada tiene que ver con las medidas de esos nuevos pisos que te venden a cambio de un Guantánamo por vida. En su opinión, una superficie saludable mínima para que puedan convivir con cierta garantía de tiempo dos mundos emocionales diferentes debiera incluir un pasillo mínimo de 27 metros que haría de cordón sanitario y dos puertas de acceso o escapada, de modo que las partes pudieran evitar esa atmósfera viciada que pesa cuando a él se le desparrama su parte de animal de presa con cerebro o ella tiene deseos de hacer realidad esa leyenda según la cual cada mujer oculta una "vagina dentata" que se habilita y produce mutilaciones si quien se aventura en su interior llega en mal momento. Visto así, los pisos actuales no son un refugio sino un cepo para el amor.

Toda política o toda economía liberal tiende a a llevarnos al mundo de Liliput en la vivienda y por tanto van, a medio plazo, contra el amor y la familia. Pretenden introducir unidades amorosas de ciudadanos en pequeñas jaulas para que puedan, con el señuelo del goce, reproducirse y así aligerar el problema demográfico, pero rompen por todas partes. Será bueno o malo pero una sociedad opulenta como la nuestra consume felicidad (un lujo de palabra para la otra sociedad de la miseria) y no está dispuesta a esa autoinmolación que aceptaban antes los casados. Más que casados, dice mi amiga, eran una especie de soldados de la fe matrimonial dispuestos a la castración por la causa de la familia, base de la sociedad. Desde que las dos partes se creen con derecho a ser felices la pareja tiene el futuro en entredicho y, lo que es peor, todo ese proceso de disgregación, desaparición o desagüe se acelera viviendo en espacios que más bien parecen nichos diseñados por terroristas del amor. A nadie le gustan esos zulos en que se hace espeso hasta el sudor del amado.

Aunque en esto de los olores uno empieza a experimentar ciertas dudas. Zonas húmedas es el título del "best seller" que estos días triunfa, porque escandaliza, en Alemania. Un libro escrito por la presentadora televisiva Charlotte Roche que está lleno de pises, vellos púbicos, menstruaciones, sudores, tampones usados, hemorroides y cantos al sexo entre olores corporales y con axilas velludas. No sabemos si Charlotte es una buena presentadora pero sí que es una excelente guarra que llenaría de aromas animales esas microviviendas que nuestra sociedad destina a las nuevas generaciones. Hay quien incluso argumenta que programas de nuestra televisión como "El juego de la vida", por supuesto en la cadena de Berlusconi, no son más que un vomitorio a donde van a parar parejas aterrorizadas que quieren huir del pequeño piso en que viven y están dispuestas a destrozar su vida por unos miserables euros. No de otro modo se explica que se sometan al escarnio general y al riesgo de ruptura respondiendo a preguntas como si han sido infieles a sus maridos o si prefieren la videoconsola a hacer el amor con sus mujeres. Hay verdades que matan.

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