12 de julio de 2008
12.07.2008

Dolor y muerte en los cayucos-bebé

12.07.2008 | 02:00

Esther Esteban

Nunca podremos acostumbrarnos a esas imágenes, ni dejar de sentir rabia e impotencia cada vez que nuestras costas se tiñen de luto y desesperación. No sé cómo se llama, ni acierto a imaginarme, siquiera, la cantidad de sufrimiento y dolor que en su joven vida lleva acumulado. La hemos visto ahí, con la cara desencajada, tras ser rescatada del cayuco que la traía a la tierra prometida, agarrada al chupete de su bebé con tanta fuerza que nadie se atrevió a arrebatárselo y mucho menos a decirle, en esos primeros instantes, que ese objeto era lo único que estaba a salvo del fruto de sus entrañas. Su pequeño al igual que otros ocho niños no sobrevivió al calvario en esos cinco días que estuvieron a la deriva en alta mar, hacinados en una zódiac de apenas seis metros.
El caso nos ha conmocionado a todos por cruel y espeluznante. De los diez niños que embarcaron, solo uno sobrevivió y de los 48 adultos llegaron 15 menos a las costas de Almería. Son tantas las preguntas y tan pocas las respuestas que nos sonroja solo pensar que el pasado año nada menos que 921 personas murieron en alta mar intentando llegar a España en patera. No hay palabras para explicarles a esas madres que sus niños fueron tirados por la borda, que habían muerto en sus brazos sin que la mayoría de ellas, también al borde de la muerte, se percatara. Fue tal el horror de la travesía que a duras penas hemos podido saber que durante ese infierno estuvieron sin agua ni comida, que la mayoría bebieron agua del mar y que durante el trayecto se cruzaron con varias embarcaciones que no les auxiliaron.
Son tantas las preguntas sin respuesta que se hace un nudo en la garganta con solo pensar que la mayoría de esas mujeres de los cayucos bebés quedan embarazadas mientras esperan en "tierra de nadie" el momento de la partida y que normalmente son víctimas de violaciones y abusos como precio de la travesía, incluso cuando no es así, es la propia policía marroquí la que les agrede. ¿Se pueden vulnerar más y de manera mas ignominiosa los derechos humanos? Ni hay palabras ni hay respuestas porque para que todo esto se produzca, es necesario que haya demasiados silencios cómplices y países que, cuanto menos, miran hacia otro lado.
No es casualidad que estos sucesos y el sospechoso aumento de los cayucos, se hayan producido en vísperas de la visita de Zapatero a Marruecos, al igual que es un secreto a voces que el país vecino utiliza este terrible drama humano para sacar tajada política o económica. Nunca sabremos la magnitud de este drama, ni el número de seres humanos que se ha tragado el mar, pero o la rica y vieja Europa se pone manos a la obra para llegar a acuerdos de cooperación con los países de origen, se persigue duramente a las mafias y se incrementan las medidas de seguridad de las costas como medida de disuasión o estaremos ante un holocausto de consecuencias incalculables. El hambre y la desesperación no entiende de grandes tratados pero desde luego se saltará cualquier frontera por dura que sea...

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