02 de julio de 2008
02.07.2008

La bandera al hombro

02.07.2008 | 02:00

José Manuel Ponte

Hay que seguir hablando de fútbol. Los héroes de Viena (que van camino de entrar en la leyenda a un nivel superior al de los héroes de la olimpiada Amberes), tuvieron un recibimiento apoteósico en la capital del reino. Cientos de miles de personas los aguardaban en la plaza de Colon, allá donde Aznar ordenó plantar una bandera, tan gigantesca que no hay viento que la haga flamear airosa, y pende lacia del mástil dando una impresión de españolismo mustio y decaído, que supongo es lo contrario de lo que se pretendía. La plaza de Colón ha sustituido a la Puerta del Sol y a la plaza de Oriente, como olla de cocción de los sentimientos patrióticos más exaltados. A lo largo de estos últimos cuatro años acogió las sucesivas manifestaciones convocadas por la derecha, la extrema derecha y la jerarquía de la iglesia católica para protestar contra el gobierno traidor que pretendía romper el país en pedazos, entregar Navarra y el País Vasco a los terroristas, y acabar con la familia tradicional. Afortunadamente, nada de eso sucedió (quizás por incompetencia del propio gobierno) y anteayer la plaza volvió a ser un hervidero de gente que daba vivas a España y agitaba banderas españolas. Y esta vez para homenajear al equipo de fútbol que acaba de ganar el campeonato de Europa de selecciones nacionales. Indudablemente, que el equipo de un país que está a punto de romperse en pedazos, sea capaz de dar ese ejemplo de unidad, de fuerza, de buena armonía y de entusiasmo patriótico causa tanta admiración como sorpresa. El acto de la plaza de Colón fue especialmente emotivo. La masa enardecida enronqueció de cantar y dar gritos durante horas, y la infanta Elena de Borbón se paseó por la zona con una bandera al hombro como si fuera un hincha radical. El espectáculo tuvo un momento culminante cuando el famoso Manolo Escobar entonó la vibrante canción "¡Que viva España!", que fue coreada a voz en cuello por la multitud. (Un país que no tiene letra para su himno nacional debe de recurrir a la copla, aunque esta haya sido compuesta por un alemán). A lo largo de estos días, se han escuchado numerosas interpretaciones sobre este suceso, que todo el mundo califica de "histórico".El rey Juan Carlos dijo que se "había roto un maleficio"; el presidente del gobierno" que " había concluido la transición deportiva a la democracia"; y casi toda la prensa coincidió en señalar que con esta victoria se habían terminado los "complejos históricos". Parece un poco exagerado. Antes de esto, otros equipos de naciones más pequeñas, como Dinamarca, la Republica Checa y Grecia consiguieron el mismo título. En mi modesta opinión el auténtico mérito lo tuvo el seleccionador nacional, Luis Aragonés, que escogió a los jugadores haciendo oídos sordos a los caprichos de la prensa deportiva de Madrid (fundamentalmente) y de Barcelona. En las categorías inferiores ya veníamos ganando campeonatos de Europa y del Mundo gracias, entre otras cosas, a que la prensa deportiva de esas ciudades no les presta demasiada atención y los seleccionadores pueden escoger equipo sin que nadie los atosigue con consejos y con caprichos. El patriotismo da siempre más frutos cuando se cultiva con tranquilidad.

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