Al igual que otras veces, se consume aquí un turno en contra del cambio horario al acabar la primera semana de tortura, cuando hay que retirar el montoncito formado por la hora de sueño perdida cada día. El asunto afecta a todas las funciones del cuerpo y del espíritu, que se ven descolocadas y nos descolocan, todo a cambio de un ahorro de energía francamente miserable. Éstas son las cosas que en los países serios se someten a referéndum. La única ventaja, de la que también he hablado alguna vez, es que pillamos a los sueños en plena faena, antes de que cierren la sesión a su hora habitual, y de ese modo sabemos algo más de los bichos que viven en nuestra cabeza, y de sus raros gustos y costumbres. Al despertar una hora antes, la radiación de los sueños anda todavía fuera del cráneo, y eso nos vuelve mágicos un rato. Pero no sigo con las ventajas, pues ésta es una nota de protesta.