De modo que, si se aplica -y debe aplicarse- la máxima de que lo medible no es opinable, hay que darle razón al señor conselleiro de Economía cuando, tras examinar las cuentas de Galicia, manifiesta su convicción de que a este paso el camino de la convergencia con Europa se hará en menos tiempo del previsto. Y es que, al menos por ahora, la realidad supera los cálculos establecidos, incluídos los más optimistas: el alza del PIB gallego rebasó el cuatro por cien y en consecuencia el país es hoy más rico que ayer pero menos que mañana. Aleluya.

La oposición, que está a la que salta y desde luego para cualquier cosa menos para aplaudir a la Xunta, ha dicho ya que una parte del balance que hace el señor Fernández Antonio está afectado por el llamado "efecto estadístico", y que por tanto hay que relativizar sus cuentas. Dicho de otro modo, que lo que pasa aquí es que ahora hay menos gallegos que antes -porque la población activa desciende- y por tanto en el reparto de la riqueza tocan a más. Lo que no es mentira, aunque desde luego quizá algo más matizable y también más relativo aún que lo de don José Ramón: al fin y al cabo, la demografía está en crisis desde hace mucho, y aún ayer se bajaba donde hoy se sube.

Dicho lo anterior, y si una autoridad como el señor señor conselleiro lo permite, quizá no estorbe mucho una reflexión: si es cierto que el optimismo, en la economía y en casi todo, es útil porque alegra espíritus e infunde ánimos para perseverar en el esfuerzo, no lo es menos que la euforia supone riesgos. El principal, probablemente, que nubla la vista -algunos le llaman "mal de altura"-, perjudica el buen juicio y puede causar males severos a medio plazo. El señor Fernández Antonio no está eufórico, pero sería mejor que ni siquiera lo parezca.

En este punto, y para ampliar la perspectiva-expuesto sin pretensiones: desde la observación leal-, la Consellería no habría de olvidar que, como ya se ha dicho por otros muchas veces, la sensación que bastantes ciudadanos tienen es que su economía, por muy micro que sea, no se corresponde con las excelencias que le cantan a la macro. Es verdad que hay más dinero, y que corre con fluidez, y que se consume a tutiplé, pero quizá por eso -entre otras razones- al de enmedio le cuesta más trabajo llegar a fin de mes que antes y, en cambio, al de encima menos. Punto.

Y otra cosa aún: en materia de empresas, los centros de decisión de las más importantes están cada día mas lejos, lo que no se compensa con que algunas mantengan aquí su domicilio fiscal y paguen sus impuestos a la Hacienda gallega. Eso es bueno, naturalmente, pero puede suponer, como alguien dijo ya, pan para hoy y hambre -en sentido figurado, claro- para mañana. Lo que afecta no sólo a miles de familias, sino también a una parte de la estructura que ha de servir para consolidar la convergencia con Europa.

Dicho no para fastidiar, sino para colaborar; como el romano que recordaba a los triunfadores que, al cabo, sólo eran mortales. O sea, falibles.

¿Eh...?