Sabino Fernández Campo es un militar nacido de la guerra civil y nunca abjuró del 18 de julio de 1936 ni negó un solo episodio de su biografía; sin embargo, pocos españoles habrán hecho tanto como él por consolidar nuestra democracia. Jamás, que yo sepa, se confesó monárquico, y probablemente no lo sea, pero casi nadie habrá trabajado tanto, y con tal acierto, para construir un modelo sostenible de monarquía en España. Ha amado y ama a la nación española de la mejor manera, es decir, con sus actos, y, sin embargo, bien puede ser uno de los asturianos que más y mejor han trabajado por su patria regional. Nunca se ha dado mucha importancia, ni ha querido asumir en nada más protagonismo que el indispensable para hacer las cosas, pero su personaje destaca con un brillo sobresaliente. Tantas aparentes contradicciones sacan de sus casillas a los encasilladores, pero ése es otro signo inequívoco de grandeza.