Al actor norteamericano Sylvester Stallone, famoso por haber cedido su cuerpo al cine para la encarnación de personajes musculosos, la policía australiana le ha incautado 48 ampollas de una hormona del crecimiento, de fabricación china, que llevaba en la maleta cuando intentó pasar la aduana del aeropuerto de Sydney. El actor no es especialmente alto, pero a sus sesenta años , no parece que tenga particular interés en dar el estirón definitivo antes de instalarse en la tercera edad, trágico momento a partir del cual todo se viene abajo sin remedio. Su adicción a la hormona del crecimiento radica en la necesidad de mantener en buen estado de revista la musculación hipertrofiada que exhibe en las películas. Stallone había viajado hasta Australia para promocionar la enésima versión de Rocky Balboa, el bo-xeador medio tonto, medio sonado, medio hispano y medio pensionista (por su longevidad sobre el cuadrilátero), que tanta fama le dio. Imagino que el argumento de la trama será muy parecido al de las anteriores, y volveremos a ver interminables sesiones de entrenamiento del ya veterano Rocky golpeando piezas de ternera en los frigoríficos de los mataderos, subiendo a buen ritmo las escaleras del mirador del conocido parque desde el que se divisa la archiconocida ciudad, o diciendo ternezas con lengua de trapo a la idílica familia que supo construir a golpe de fe y de mamporros. Y por supuesto veremos mamporros de todas las clases, a cámara rápida y a cámara lenta, en primeros planos y en planos medios, mucho sudor y mucha sangre, y el triunfo final del inefable Balboa, que saludará a la afición con los brazos en alto, el ojo cerrado y la boca torcida, pero con la enorme satisfacción del deber cumplido, habiendo demostrado una vez más que el esfuerzo individual es el elemento imprescindible en el buen funcionamiento de la economía de mercado. Todo muy emotivo y todo muy elemental. La reflexión que podemos hacer sobre el descubrimiento de las 48 ampollas de la hormona del crecimiento en la maleta de Stallone es que si este, en vez de una estrella de la ficción cinematográfica fuese un deportista, seguramente sería suspendido a perpetuidad. Y si fuese un pelanas que traficase con ellas es muy posible que acabara con sus músculos en la cárcel, por una buena temporada. La comercialización de sustancias dopantes para usos no médicos está rigurosamente prohibida. Por otra parte, es un negocio que mueve más dinero al año que la cocaína, por lo que su control ha ido a parar a manos de la mafia; primero, italiana y luego, rusa. Pero en este caso no habrá problema. Stallone, en sus sucesivas encarnaciones como Rocky Balboa y como Rambo, es un ejemplo para la juventud y aun para la tercera edad del mundo civilizado. Todos nosotros, si nos aplicamos en el gimnasio y tomamos sustancias prohibidas a morro. podemos disfrutar de un cuerpo musculado, mucho más allá de los sesenta años. Y hasta podríamos acabar triunfando en política. Como el compañero Schwarzenegger, la gran esperanza republicana para sustituir a Bush. Este hombre empezó trabajando el cuerpo en un gimnasio controlado por la misma mafia que monopoliza las películas del "porno gay" y ahora es gobernador de California, el estado más populoso y prospero de la Unión. Tomen nota.