En Madrid (¿donde sino?) tuvo lugar el acto de presentación de un libro sobre el ideario conservador español en el que el señor Aznar López, fue la estrella invitada. El libro lleva un curioso título ("Qué piensan los neocon españoles") y por la imprecisa redacción del mismo no podemos saber, sin haberlo leído, si versa sobre lo que piensan los seguidores en nuestro país del ideario político del actual gobierno de EE UU o, por el contrario, se limita a plantearse la pregunta de si piensan algo, y en caso afirmativo de qué clase de pensamiento se trata. Porque el acto de pensar, en si mismo, no nos garantiza llegar a alguna conclusión intelectualmente válida. El texto consiste en la recopilación de varios artículos firmados en los últimos veinte años por varios analistas de un llamado Grupo de Estudios Estratégicos, lo que nos transmite la impresión de que se trata de gente ya algo mayor pero con mentalidad belicosa. Y así parece deducirse de los resúmenes de prensa que he leído porque todos los que tomaron la palabra expresaron su preocupación por los peligros que acechan a la nación española mientras no lleguen al gobierno los que por mandato divino deben gobernar. Hubo quien dijo que la libertad de todos está amenazada y quien vaticinó una inminente desintegración del país. En fin, los negros presagios que llevo oyendo desde que soy niño, sin que, por desgracia, se acaben de confirmar porque ya me gustaría presenciar ese magnífico espectáculo de fuegos artificiales desde la ventana de mi casa antes de morir. La desaparición y hundimiento en el horizonte de una nación cargada de historia gloriosa debe ser incomparablemente más hermosa que el más espléndido de los crepúsculos. Pero, como siempre, el orador más agudo fue el señor Aznar López, que inició su intervención afirmando no ser un "neoconservador" sino un "liberal clásico", paraguas ideológico de gran amplitud, que permite dar cobijo a personajes de toda índole. Luego, se permitió la ironía de proclamar que él nunca podría ser un neoconservador porque esa condición está reservada a los conversos que proceden de las filas comunistas, maoístas o socialistas, con lo que vino a señalar con el dedo, aunque sin citarlos, a los señores Jiménez Losantos, Piqué, Miguel Ángel Rodríguez y Arriola, los tres últimos íntimos colaboradores suyos en su etapa de gobierno. Y acto seguido lanzó una alegre carcajada bajo el bigote chaplinesco. Aunque al final de su actuación, volvió al tono sombrío que tanto le gusta para advertir a la audiencia de los peligros que nos amenazan si el gobierno socialista acuerda la retirada de tropas de Afganistán. "Si hacemos eso -dijo- el próximo chantaje de los terroristas será la implantación de la ley islámica en una parte de nuestro territorio". No concretó en que parte, aunque el auditorio dedujo que se refería sobre todo a Andalucía. Estas cosas nos las dice alguien que no haya sido presidente del gobierno y las tomamos a broma, o llamamos a los loqueros, pero procediendo de un hombre que ha conocido secretos de estado y seguramente maneja información privilegiada, habrá que tomarlas en consideración. Menos mal que aquí quedamos lejos de esa amenaza. De Toledo, seguramente que no pasa.