De modo que, sosegado el clúster del automóvil por la contundencia del nuevo director de Citroën a la hora de asegurar el futuro de la factoría gallega, quizá sea momento para insistir en la conveniencia de que se aproveche la ocasión -e incluso el susto- para reclamar, de quien puede, la ejecución de una serie de proyectos que contribuirán sin duda a la consolidación de los planes del Grupo PSA. Proyectos en infraestructuras ferroviarias o marítimas por supuesto, pero también otras que son más rápidas de ejecutar y más fáciles de decidir.

La primera de todas ellas, que quizá sea además la que más falta hace y desde luego la que ha sido reclamada con mayor fuerza, es la de la creación de suelo industrial en el área metropolitana de Vigo. Un asunto en el que se ha avanzado con el proyecto de Salvaterra, pero que tiene aún pendiente el de O Morrazo y que no sólo serán directamente útiles al grupo PSA, sino que podrá beneficiar a otros que están en cartera. Y que, de abordarse en plazo, servirán también como mensaje de que en Galicia hay algunas cosas que, aparte del clima, empiezan a cambiar.

Falta hace, conste. Y no porque se dude de las intenciones del Gobierno que preside el señor Pérez Touriño -y que a estas alturas de la legislatura habrá que dejar de llamar "nueva" Xunta- sino porque hay una especie de inercia aquí, de origen desconocido y no fácilmente identificable, que ha llevado a mantener ese asunto sin resolver en las condiciones en que se debería haber resuelto. Y eso seguramente ha provocado auténticos atascos en el desarrollo comercial e industrial, retrasos especialmente difíciles de compensar porque los demás aceleran.

Algunos observadores han dicho que esta situación es el resultado de la visión minifundista que de la política tenía una parte del PP, precisamente la que gobernó bajo el pintoresco, pero significativo, referente de la boina. Con sus líderes florecieron los polígonos aunque, por número o por tamaño, resultaban competidores entre sí y por lo tanto casi inservibles para empresas de cierta envergadura y que, como resultado inevitable, quedaron vacíos o mal utilizados en un porcentaje notable. Y de aquellos polvos, y otros anteriores, vinieron esos lodos.

Ahora mismo lo importante es aprender de lo ocurrido, obtener conclusiones válidas y dedicarse a la corrección de errores y a la adopción de medidas de futuro. Una de ellas, entre las más importantes, es precisamente la creación de suelo industrial que atienda no sólo las necesidades actuales o las previstas a corto y medio plazo, sino elaborar una estrategia que resuelva lo que razonablemente se puede prever a plazo. A eso se le llama capacidad operativa positiva, que no ha abundando precisamente en este país en muchos años y que debiera dinamizarse a partir de ya.

Lo de Citroën puede servir de acicate, pero no sólo éso: ¿cuántos buenos negocios, rentables para el país además de para sus autores, se han perdido aquí precisamente por ese minifundio mental?

¿Eh..?