Este agosto ya en su recta final está resultando especialmente laborioso para algunos ministros o para el Gobierno en su conjunto. El del Interior se vio en la necesidad de explicar con detalle el caso Roquetas, interrumpiendo sus vacaciones para aclarar el feo asunto de un ciudadano que acudió a una casa cuartel pidiendo auxilio y salió para el camposanto. La de Medio Ambiente, permanentemente vigilante ante los innumerables incendios forestales, tras la tragedia de Guadalajara. Y ahora, el ministro Bono, llamado a explicar ante la Diputación permanente del Congreso los detalles del accidente del helicóptero Cougar que costó la vida a diecisiete militares españoles en misión en Afganistán.

Bono, en el primer momento de su intervención, expuso que llegaba a contar todo lo que sabía. No sólo los detalles de la tragedia, más o menos conocidos, y en los que sigue prevaleciendo la impresión de que todo fue un lamentable accidente posiblemente causado por un error humano, sino su parte más difícil: explicar las diferencias entre la presencia, indeseable para el Gobierno socialista, de tropas españolas en Irak, y esta otra presencia de tropas españolas en tierras afganas. ¿Qué diferencia hay entre una y otra misión?, se habían venido planteando distintos portavoces de la oposición, en particular del PP, que no observan diferencias sustanciales, salvo la obstinación de Zapatero por retirarse de la misión a la que se había comprometido su antecesor Aznar.

Pues bien, después de haber expuesto, en la primera parte de su comparecencia, las razones de la presencia española en el país asiático, a la que se ha referido como "misión de paz", Bono ha dicho que "nuestros soldados están en Afganistán para luchar contra el terrorismo, dar seguridad al pueblo afgano y propiciar la libertad, el progreso y la democracia". Fue todavía más explícito en sus explicaciones, al señalar que ante atentados como los sufridos por Nueva York, Madrid o Londres "sólo podríamos rezar si no fuera porque hay soldados que luchan contra el terrorismo allí donde éste se engendra".

Es decir, hay que proceder a otra clase de lucha antiterrorista, de lucha preventiva, antes de que las actuaciones de los terroristas se puedan producir. En eso consiste la misión en tierras afganas. Y recordó Bono que el Gobierno socialista había cambiado la participación en coaliciones de guerra por la participación en misiones de paz, como la de Afganistán, a la que ha calificado de misión de riesgo "moderado", contra algunas apreciaciones de quienes la consideran de riesgo muy similar al que padecen los soldados presentes en Irak.

El ministro insistió en aclarar que la misión actual no es "Libertad Duradera", la puesta en marcha por Estados Unidos tras los atentados del 11-S, sino una operación de reconstrucción, de apoyo a las autoridades afganas y de respaldo a una transición a la democracia, auspiciada por Naciones Unidas. ¿Convence el argumentario de Bono? Escasamente. Afganistán como Irak se han convertido, en grado parecido, en tierra semillero de terroristas. En uno y otro terreno sólo caben `actuaciones preventivas´ -guerra más o menos preventiva- contra el terrorismo de los islamistas radicales.