L o raro no es que Fraga haya perdido las elecciones, que se podía prever; lo raro es volver de vacaciones para que al sintagma "el presidente de la Xunta", le siga la muletilla de Emilio Pérez Touriño. Eso extraña tanto como escuchar a los alcaldes del PP denunciar la descoordinación de la Xunta en la lucha antiincendios, cientos de miles de hectáreas calcinadas después. Son muchos los hábitos que mudan tras dieciséis años de rutina, y costará familiarizarse.

La presencia de más de un vigués en el Consello de la Xunta y de un puñado de ellos en los altos cargos, por ejemplo, no será una circunstancia fácil de digerir. La "sociedad civil" de A Coruña, en palabras del colegio de ingenieros técnicos industriales de esa ciudad, no lo ha hecho, e intuye un "escoramiento económico hacia la zona Sur" con una fe que nadie compartiría a este lado del Ulla. Asustaban menos los vigueses cuando sólo aparecían por el Gobierno gallego para promocionarse como aspirantes a la alcaldía.

En un apocalíptico comunicado, el colegio coruñés alerta de una eventual supresión del peaje de Rande, dispuesto como está a aceptar el de A Barcala con tal de que los del Morrazo sigan apoquinando. Ante tan brutal amenaza, exige a Santiago que sea "muy escrupulosa" y "equilibre" las inversiones, se entiende que según el peculiar significado que el equilibrio Norte-Sur ha tenido durante las últimas cuatro legislaturas.

Los ingenieros técnicos de la provincia de los dos aeropuertos, la Ciudad de la Cultura, los dos puertos exteriores, otras tantas universidades y un AVE temen que se rompa tan delicado equilibrio. Comprendo sus recelos; yo tampoco me acostumbro a escuchar cosas semejantes desde A Coruña.

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