Así que, leídas algunas de las reacciones a cuanto dijo en este periódico la señora conselleira de la Política Territorial -y comprobado que, en general, resultaron favorables- quizá no estuviere de más para aprovechar el rebufo y reclamar, de doña María José y sus colaboradores que se pongan -y nunca mejor dicho- manos a la obra. Especialmente en lo que a la cuestión del transporte se refiere, no sólo porque efectivamente su desarrollo puede contribuir a resolver otros problemas sino porque, además, quizá potencie elementos que aportarían al país una considerable plusvalía.

Por ejemplo los Puertos. Sobre los que se ha hecho un buen trabajo estos años -incluyendo el Plan Estratégico-, pero que admiten un esfuerzo mayor pensando en una ordenación del territorio pendiente todavía de ajustes decisivos. Ajustes que en algunos casos sería casi modificaciones sustanciales en la visión de futuro; por eso urge, y aunque el refrán advierta que no por mucho madrugar amanece más temprano, existen ocasiones -y ésta lo es- en que conviene hacerlo por si acaso.

Hay un dato que permite sustentar la defensa del criterio de urgencia: no sólo otros países europeos, sino otras comunidades españolas llevan años preparando su estructura territorial para combinar transporte de mercancías y pasajeros de modo que sus puertos se constituyan en elemento de referencia para propiciar un comercio más ágil y por tanto una mayor prosperidad. Dicho de otro modo, para llevar cosas de un sitio a otro, y lo más rápidamente y en las mejores condiciones, porque eso hace progresar a quien produce la mercancía, a quien la transporta y a quien la vende. Punto.

La señora Caride, que lo ve claro, tiene la oportunidad de hacerlo, o al menos de iniciarlo -el trabajo va a llevar más de una legislatura, y luego quizá todos calvos- y puede empezar en menos de un mes cuando se vea cara a cara con la ministra de Fomento. Palabras mayores en verdad, las que habrá de emplear en su trato con uno de los personajes peor considerados por los gallegos -incluidos muchos socialistas-, pero que al fin y al cabo es amiga siquiera en siglas. Y ya va siendo hora de que lo demuestre con hechos.

Resumiendo mucho, lo que habrá de llevar en el zurrón la conselleira, para que se lo despachen, consiste en un servicio ferroviario de cercanías que aproxime a las ciudades gallegas, para pasajeros y mercan- cías, a un máximo de cincuenta minutos de punta a punta. Y en carretera, líneas de autobuses que garanticen horarios tales que el personal pueda emplearlas para trabajar o hacer negocios sin echar mano de vehículos privados más que en casos aislados. Y así no sólo se ganaría tiempo y dinero: también vidas y paciencia, que no son elementos cuantificables pero sí valiosos. Y es que sólo el necio confunde el valor con el precio.

¿Eh...?