Llevaba varios años haciendo lo mismo y creo recordar que por invitación expresa de Pedro J. durante una cena en el Jai-Alai cuando 'El Mundo' estaba a punto de salir: enviaba el artículo a la redacción de Pradillo el viernes y el sábado salía publicado. De pronto, un día, no salió. Llamé extrañado por si el fax (entonces no existían los 'mails') había fallado, pero fue que no. Alguien me dijo por teléfono que ya no contaban conmigo. Así de grosero; no sé cómo me las arreglo pero a mí siempre me echan por teléfono: de 'El Mundo', de COLPISA... Me entristeció por las formas, pero poco más. Tampoco cambió mi opinión sobre Pedro J., al que sigo admirando aunque discrepe mucho y muchas veces de sus postulados. Pero echarme, me echó.

Digo esto para dejar constancia de que no sólo no soy un paniaguado del personaje sino, en todo caso, lo contrario, que tampoco. Y dejo constancia porque el asalto del otro día a su piscina de Mallorca me llenó de una triple perplejidad al margen de quién fuera el propietario del inmueble.

1. Contemplar a todo un señor diputado con su carné de señoría en la boca y en paños menores trepando torpemente como un okupa madurito en una propiedad ajena me resulta, como poco, desalentador. Sus señorías pueden hacer muchas cosas, pero conviene que eviten, en la medida de lo posible, el ridículo público. Por la institución, mas que nada. Pues no; se ve que en ERC le van cogiendo gusto a estas actitudes vodevilescas e insisten en ellas.

2. ¿Por qué siguen en sus puestos y en sus cargos un delegado del Gobierno que ordena una cosa al responsable de la Guardia Civil y reconoce que no le hacen ni caso? Tendrán que reconocer conmigo que ni el delegado ni el responsable que recibió la orden y no la cumplió deberían, por seguridad de todos los ciudadanos, haber sido cesados al día siguiente, no por la gravedad del chapuzón en piscina ajena, sino por la muy escasa autoridad que parecen tener.

3. ¿Cómo es posible que estén en situación irregular 1.700 inmuebles en esa costa (más los que no sabemos)? O se legalizan o no se cierran, pero quien vela por la ley lo que no puede hacer es mirar hacia otro lado.