En Vincios (Gondomar) donde vivo desde hace más de 30 años hay una magnífica tradición; durante las fiestas de Navidad se forman las rondallas, en una costumbre que se remonta a varios siglos. Recuerdo que allá por los años 80 participé tocando el bombo. Cuando el director nos decía "¡Águila!", nosotros arrancábamos tocando con energía una marcha (bien cargada de bombo) que se llama "Bajo la doble águila", en referencia al Blasón de los Hasburgo.

Me he acordado de esto al atender desde mi escaño al debate de investidura del Sr. Touriño como candidato a la Presidencia de la Xunta.

Con preocupación, aunque sin sorpresa, hemos podido comprobar que no había uno, sino dos: El Sr. Touriño y el Sr. Quintana, y además, totalmente distintos en el tono, en la forma, y como no se podía esperar de otra manera, con otra concepción del Estado.

Por una parte, el sr. Touriño con un discurso sin propuestas concretas y con una extraña concepción de los distintos papeles que juegan las instituciones. Entre otras cosas, dijo que se iba a proponer una reforma del reglamento del Parlamento, ignorando sorprendentemente que eso lo hace la institución cuando quiere y que es este el que está supeditado al escrutinio del Legislativo, no al revés.

Por otro lado, su pregonada propuesta de reforma del Estatuto consiste, ni más ni menos, que en encargárselo al Parlamento. ¡Vaya por Dios! Eso lo puede hacer el Parlamento cuando quiera y siempre sería un proyecto de esta Institución y no del Legislativo. Pero esto no es un acto de ingenuidad del Sr. Touriño, sino que esconde su imposibilidad para presentar un proyecto conjunto desde el bipartito. Largándole el muerto al Parlamento intenta ocultar este hecho y busca una complicidad del PP para que le ayude a bloquear las propuestas del BNG y luego parecer que no fue él, sino la intolerancia de los populares.

No me extraña, ya que después de oir la mesiánica intervención de D. Anxo Quintana en un discurso sobre un modelo exclusivamente galego ignorando el ordenamiento Jurídico Constitucional y anunciando que ¡qué más da si el Estatuto contradice la Constitución! La intervención del Sr. Quitana tenía algo de exaltación imperial de los derechos inalienables de Galicia que no tiene que someterse a las instrucciones que vayan de "fuera". Ni de la UE ni de España. O sea, su teoría política consiste en nadar contracorriente y una corriente que va en sentido contrario de por la que circula el PSOE.

Por eso preocupa a los gallegos esta bicefalia más que evidente del bipartito. Este gobierno podría tener, si hiciera falta, un blasón como el de los Hasburgo, aunque me parece demasiado una doble cabeza de águila. Para este gobierno como mucho, si hubiera que situarlo bajo un blasón, sería el del "doble pollo". Pollo que parece, desgraciadamente, inevitable porque el BNG no puede seguir perdiendo votantes y tarde o temprano radicalizará su discurso y el PSOE gallego no le podrá seguir sin traicionar su carácter de partido Estatal y sin traicionar a su propio electorado. Sea como fuere, -y como lo cortés no quieta lo valiente- por el bien de los gallegos, les deseo buena suerte.