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Medallistas de Cangas en los Juegos Olímpicos de Tokio Rodrigo Germade Medalla de plata en K4-500

“Disfruto más esta medalla en equipo que si la hubiese ganado yo solo”

Rodrigo Germade con su hija,Claire, y su medalla de plata, ayer en Gijón. | // FDV

El palista cangués Rodrigo Germade ya está en su casa de Gijón, donde le esperaban su pareja y su hija pequeña. El deportista reside en Asturias porque una de las bases de entrenamiento de la Federación Española de Piragüismo está en Trasona, donde se cocinó la medalla olímpica del K4-500 metros, en el que Germade compartía barco con Saúl Craviotto, Marcus Cooper y Carlos Arévalo. El medallista tiene previsto llegar mañana a Cangas para pasar unos días con su familia, pero sus vacaciones parece que serán muy cortas.

–¿Ya ha tenido tiempo de procesar y asimilar la medalla de plata conseguida en Tokio?

–La verdad es que me siento muy bien y contento. También afortunado. Después de algo así sientes que el sacrificio ha valido la pena. Me acuerdo de mi compañero Iñigo Peña, que comenzamos juntos en el K2, y que en estas olimpiadas no tuvo esta misma suerte [fue sexto en el K2-1000 metros con Paco Cubelos]. En mi caso conseguir la medalla es como tener el broche que faltaba y culminar un trabajo de mucho tiempo. Me siento muy afortunado de conseguirla y de tenerla conmigo.

–Usted es el último de una serie de palistas de Cangas que ha conseguido una medalla olímpica. Desde 2004 Cangas suma diez medallas y ocho sobre el agua. ¿Dónde está el secreto?

–Es una pregunta para la que no tenemos respuesta. Es un misterio, imposible saberlo a ciencia cierta.

–Lo normal ahora sería tomarse unas vacaciones, pero creo que usted va a seguir un poco más. Casi aprovechando la ola.

–Sí. Mañana llegaré a Cangas para estar unos días con la familia. Pero las vacaciones quedarán para después. Tenía previsto preparar con Marcus Cooper el próximo Mundial de Dinamarca en la especialidad de K2-500 metros y primero tenemos que superar el selectivo. Es algo que nos hace ilusión y al final se trata de piragüismo, que es lo que más nos gusta.

De izq. a dcha: Marcus Cooper, Saúl Craviotto, Carlos Arévalo y el cangués Rodrigo Germade. Efe

–Vuelve con una prueba de barco de equipo, que parece que es donde se siente más cómodo.

–Simplemente es lo que más me gusta, no disfruto de igual manera a nivel individual que de modo colectivo. Me satisface más esta medalla con el K4 que si la hubiese ganado yo solo. En un barco de equipo no tienes que estar pendiente solo de los que haces tú, sino de lo que hacen los demás, tratar de compaginarte y tener una misma idea. Compartes esfuerzos y sacrificios y eso une mucho.

–La configuración de este K4 en los últimos meses estuvo envuelta por la polémica a la hora de elegir a los que debían estar dentro del bote. Una vez resuelta, ¿fueron capaces de abstraerse de todo el ruido o afectó a la preparación?

–Sí que fuimos capaces de abstraernos, pero de alguna manera sí que afectó. Tuvimos que acelerar la preparación y llegamos a la Copa del Mundo de Szeged [en el mes de mayo] como auténticos animales. Allí le ganamos a Alemania y sin querer mostramos nuestras cartas demasiado pronto. El oro hubiese sido perfecto para zanjar todo, pero esto es deporte y es algo a lo que te expones.

–Es de suponer que Alemania ya les estaba siguiendo la pista. ¿Qué le faltó a España, aparte de 226 milésimas, para poder derribar ese imperio alemán en esta prueba?

–Seguro que nos estudiaron y nos veían con lupa. Tienen muchos medios para analizar todos los datos. Después de esa prueba de la Copa del Mundo sabían que sí había un rival que les podía ganar éramos nosotros. Si hubiese sido una prueba más rápida creo que les hubiésemos ganado. En la televisión no se podía apreciar, pero soplaba el viento de cara. Si llega a soplar a favor creo que ganaríamos. Tenemos más reprís y somos más rápidos. Ellos son muy duros en el agua, pero impecables compitiendo. Para ganarles no es que haya que hacerlo perfecto... ¡tiene que ser lo siguiente!

Un momento de la final, con el K-4 español en pleno esfuerzo y Germade en el cuarto asiento del bote. Efe

–Estas son sus segundas olimpiadas. Después de Río 2016 estuvo a punto de dejarlo. Supongo que ahora estará feliz por haber recapacitado.

–La verdad es que estoy muy contento de esa gente que siempre me ha parado los pies, por así decirlo [risas]. Una de esas personas fue mi anterior entrenador, Luis Brasero, que prácticamente fue quien me sacó de casa. Me animó a incorporarme a la concentración de invierno en Sevilla e ir poco a poco. Al final con el proyecto del K4 volví a ilusionarme y hasta aquí llegamos. Así que en parte se lo tengo que agradecer a él.

–Con esta medalla Saúl Craviotto iguala a otro cangués, David Cal, y ya dice que le gustaría estar en París 2024. ¿Cómo es trabajar con él? ¿Ve factible ese nuevo ciclo olímpico?

–Es un verdadero orgullo y placer trabajar con un deportista con su experiencia. Siempre aprendes y además es una gran persona. Después del mundial nos tomaremos unas vacaciones y luego quedan tres años para París 2024. Es un ciclo más corto, a ver qué pasa.

–¿Ha hecho alguna promesa que ahora tenga que cumplir por ganar la medalla olímpica?

–Pues no. Después de los Juegos Olímpicos de Río me rapé el pelo y me sentí muy bien. A lo mejor lo vuelvo a repetir. Pero lo mejor es esperar un poco, a que hagamos todas las fotos oficiales y a que no vuelva aparecer durante un tiempo [risas].

Germade y su hija Claire, ayer en Gijón.

Germade y su hija Claire, ayer en Gijón. Fdv

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