Una lluvia de emociones, y también de agua. Así es como ha celebrado Ribeira la medalla de bronce de Ana Peleteiro.

En el malecón de la villa de O Barbanza se instaló una pantalla gigante, en un recinto acotado con sillas, para ver la hazaña de su atleta más ilustre.

Ana, ‘Aniña’, la de sangre “medio gallega, medio negra”, como ella suele decir. La mujer enamorada del atleta portugués Nelson Évora, que sueña con ser madre pronto. La joven que cree en ‘meigas’ y cuyo referente es su abuela Juana.

Los que la conocen bien cuentan de ella que siempre dice lo que piensa. Y por eso la creyeron cuando visualizó su triunfó en Tokio, cuando contó que tenía esa sensación. Y no se equivocaron, en absoluto.

La jornada lluviosa no deslució su logro. Sí hubo, por las precipitaciones, entradas y salidas al espacio habilitado para seguir la retransmisión, pues no había carpa. Pero el gran momento nadie lo pasó por alto.

“Nunca a la mamá de Ana la nombraron tantas veces. Grande la señora Brión, de Ribeira como su hija”, vocearon y escribieron algunos. “Viva Ribeira, viva Galicia y vivas tú, Ana Peleteiro”, otros.

Incluso hubo quien sugirió al alcalde, Manuel Ruiz Rivas, que piense en dedicar ya una calle a Peleteiro, una avenida en Santa Uxía de Ribeira. La joven ya ha dado nombre a las pistas de A Fieiteira, el complejo atlético municipal.

Por esas pistas, esas calles y esas playas Ana corrió. Y bailó, otra de sus aficiones de la cual dio prueba en el confinamiento marcado por la pandemia. Demostró sus artes a través de la plataforma TikTok. Ahora, Peleteiro ha dado lo mejor de sí para llegar al podio en Tokio.

Lo ha hecho con un espíritu guerrero. Con un cuchillo entre los dientes, según sus propias palabras. Ana sigue, así, cimentando su leyenda.