El 1 de agosto de 2021 quedará para siempre en la memoria colectiva de Galicia. El día de su primera medalla olímpica en el estadio de atletismo. La consiguió Ana Peleteiro, la chica de Ribeira que desde hace casi diez años parecía predestinada para ello y que, pese a los momentos complicados de su carrera, supo encontrar el camino para llegar puntual a su cita con la historia. En un concurso memorable la de Ribeira se colgó la medalla de bronce tras batir dos veces su propio récord de España y responder de forma brillante al reto que le platearon sus rivales, especialmente la jamaicana Ricketts que la forzó en el momento clave de la competición, cuando solo quedaban dos saltos, a dar un extra, un paso más. Justo en ese momento tan delicado encontró la motivación y la concentración necesaria para ejecutar de forma perfecta todo lo que llevaba entrenando en Guadalajara. “Es ahora” gritó en el pasillo de saltos antes de iniciar su carrera y visualizó lo que tenía que suceder a continuación. Su salto de 14,87 mejoraba en tres centímetros el de Ricketts para regresar a un podio del que nadie la movió y en el que acompañó a la prodigiosa Yulimar Rojas, que batió al fin el récord del mundo de Kravets por 17 centímetros (15,67), y de la portuguesa Patricia Mamona, que subió su marca personas hasta los 15,01. Juntas dieron una vuelta olímpica a un estadio vacío, pero que ellas sentían como lleno.

Ana Peleteiro sabía que solo podría subir al podio si mejoraba su récord de España de 14,73 (en pista cubierta) que tenía. El nivel de las rivales lo exigía, la competición lo reclamaba. Era una evidencia que el podio estaría muy cerca de los 15 metros, lo que agigantaba el desafío al que se enfrentaba la gallega. A su favor jugaba un nivel de confianza nunca antes visto en ella y un estado de forma primoroso. Iván Pedroso, su entrenador y guía espiritual desde que en 2017 decidió dar un cambio radical a su carrera, ha manejado de forma perfecta su progresión durante esta temporada. El plan era claro: cada semana saltar más, saltar mejor y que su punto de forma perfecto llegase el día de la final olímpica. Así debía suceder y así sucedió. En la calificación del viernes hizo 14,62 (su mejor marca al aire libre de su carrera) pero en la final lo bordó. De los seis saltos solo firmó un nulo. El resto estuvieron todos por encima de los 14,55 metros.Una solidez que habla muy bien de su madurez y del nivel de concentración que mantuvo a lo largo de la hora y media que duró la competición.

Por si fuera poco, unas horas antes de saltar al primoroso tartán del estadio olímpico recibió uno de esos empujones que muchas veces resultan determinantes. Su amigo del alma, casi hermano, el gimnasta Ray Zapata –de cuya hija Olimpia es madrina– consiguió la medalla de plata en su ejercicio de suelo de la final por aparatos. Era como una señal. Ese sueño compartido desde que ambos se conocieron en la Residencia Blume de Madrid, del que tantas veces han hablado, asomaba en el horizonte. Le faltaba cumplir a ella con su parte. Y no tardó en ofrecer señales ilusionantes porque desde el primer salto se instaló en las posiciones de cabeza. 14,55 fue su primer intento y en el segundo llegó el 14,77 que suponía el primer récord de España de la noche. Mientras tanto, en esos primeros intentos la venezolana Yulimar Rojas y la portuguesa Patricia Mamona se fueron por encima de los 15 metros para dejar claro que la pelea estaría por ver quién les hacía compañía en el podio.

Lafond, eliminada

La prueba dio un giro importante con la eliminación de Lafond (una seria amenaza) que no pasó a la mejora. Poco después la jamaicana Ricketts en su cuarta tentativa se fue a 14,84 metros y encareció aún más el podio. El resto de las aspirantes (la americana Orji, la estadounidense Williams…) daban la impresión de no encontrar sus mejores sensaciones y solo la cubana Povea parecía esconder un gran salto. Con dos intentos por delante la situación era delicada para Ana Peleteiro, exigida a volver a saltar por encima de un récord de España que apenas tenía media hora de vida. Y eso es todo lo que duró en los libros de estadística del atletismo español. Una de las plusmarcas españolas más efímeras de la histria. Ana Peleteiro recibió un empujón extra desde la grada gracias a Iván Pedroso, pura emoción, y a Nelson Évora, su pareja. Y Ana voló hasta los 14,87 metros, solo tres centímetros más que Ricketts. No lo celebró. Salió de la arena incluso con gesto de reprocharse algún error. Vio la medición y, pese al griterío que salió de sus compañeros de entrenamiento, evitó dejarse llevar por la emoción para no perder el foco en la competición, en lo que aún podría pasar. Eso lo dejó para luego, para cuando Ricketts y Povea hicieron sus últimos intentos. La emoción ya era incontenible, aunque le pospuso unos segundos porque a la final aún le quedaba la guinda.

Para coronar una competición perfecta su amiga Yulimar Rojas batió el récord del mundo en el último intento. Los 15,50 de Kravets de 1995 pasaron a mejor vida. La venezolana, un prodigio de atleta y sin duda una de las grandes estrellas de la competición, superó ese registro por diecisiete centímetros. Una absoluta barbaridad que demuestra que la caribeña juega en una liga diferente al resto. La fiesta fue absoluta. Ana Peleteiro no podía parar de llorar de la emoción. “A la hora del vermú en Galicia” como ella decía al referirse a la programación de la final, sus paisanos celebraban una de las grandes conquistas de los deportistas de esta comunicad. La primera medalla olímpica en el atletismo.