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Tómatelo en serie

'Mrs. Davis' (HBO Max): una monja se enfrenta a la Inteligencia Artificial en otra osadía de Damon Lindelof ('Perdidos')

El cocreador de 'Perdidos' y renovador de 'Watchmen' firma con Tara Hernandez ('Big bang') un irreverente cruce de géneros con fondo de resistencia al algoritmo

Betty Gilpin (Simone) en ’Mrs. Davis’.

De un creador televisivo como Damon Lindelof solo se puede esperar lo inesperado. Hablamos, al fin y al cabo, del que fuera cocreador de 'Perdidos', serie indispensable para entender las libertades narrativas de la reciente ficción serializada. O de un artista capaz de la osadía de acercarse a 'Watchmen', especie de texto sagrado del cómic moderno, con el fin no de rendirle simple pleitesía, sino de revisarlo, expandirlo e incluso cuestionarlo en una serie tan alucinada como alucinante. 

Para Lindelof, lo sagrado parece más bien la sorpresa, que el espectador sepa lo justo antes de iniciar un viaje. Su nueva serie, 'Mrs. Davis' (HBO Max, desde el martes, día 25), cocreada con la guionista de telecomedias Tara Hernandez ('Big bang'), se rodó en un secretismo notable entre los platós de Warner en Burbank (California) y un puñado de localizaciones al otro lado del Atlántico, entre ellas muchas catalanas como Barcelona, Berga, Móra d'Ebre, Castelldefels o Girona, cuyo casco antiguo acogió el rodaje de algunas escenas medievales. 

Esclavos del Algoritmo 

Pero 'Mrs. Davis' no es una serie de época, sino que se desarrolla esencialmente en nuestro presente, o mejor, una versión ligeramente distorsionada del mismo en el que la inteligencia artificial habría acabado de dominar nuestras vidas. Gracias a un algoritmo conocido en Estados Unidos como Mrs. Davis, el hambre y la guerra son aparente cosa del pasado y todo el mundo vive en un estado de extraña satisfacción, contento de atender, a través de unos auriculares, las órdenes que pueda dar la máquina que nos salvó. Si haces muchas buenas obras, conseguirás tus Alas, que es a esta aplicación lo que el 'check' azul es (o era) a Twitter

Pero no todos han querido rendirse a Ella, o Eso, como prefieren decir los escépticos. Simone (Betty Gilpin), monja de un convento en mitad del salvaje Oeste, se resiste al algoritmo por considerarlo (no sin motivo, como se irá viendo en flashbacks) el culpable de la muerte de su padre, el mago Monty (David Arquette). Su exnovio Wiley (Jake McDorman), de vocación cowboy, intenta reclutarla para un movimiento de resistencia en el que se ha dejado una herencia. Donde hubo llama suele quedar rescoldo, pero Simone se debe a su marido Jay (Andy McQueen), como otras muchas mujeres. 

Obstinado en poner a Simone de su parte, Mrs. Davis monta toda una operación para sacarla del convento y que acceda a cumplir la misión más tópica del mundo (a los algoritmos les encantan los clichés): dar con el Santo Grial, que después debería destruir. Todo un sacrilegio, pero a cambio verá hecho realidad su mayor deseo. O el segundo mayor, porque resucitar al padre queda fuera de lo realizable.

Delirio con sentido 

En el irreverente cruce de géneros y tonos de la serie ganan el humor y la levedad, elementos con los que Lindelof ha jugado a menudo, incluso en esa serie bastante magistral sobre pérdida, luto y duelo llamada 'The leftovers'. Quizá también por tener a Hernandez como 'showrunner', 'Mrs. Davis' es ante todo una comedia absurda con elementos como sacados del arsenal de Zucker, Abrahams y Zucker, el trío de 'Aterriza como puedas': por ejemplo, Wiley se carga un teléfono de concha cada dos por tres, no sabemos si por preservar la seguridad de su operación o por pura compulsión. 

Pero al fondo de esta sucesión de delirios se oye latir, como en 'Perdidos' y 'The leftovers', una sentida reflexión sobre la fe y la necesidad de creer en algo. También un recordatorio nada absurdo de la necesidad de luchar contra las fuerzas invisibles que rigen nuestras vidas y nos hacen creer que hemos elegido lo que un algoritmo eligió para nosotros. Tras la chaladura colorida se esconde, o no tanto, una sensible fábula distópica. Por eso se debió fichar para sus primeros episodios a Owen Harris, el director de algunos de los mejores y más emotivos episodios de 'Black mirror', como 'Ahora mismo vuelvo' y 'San Junipero'.

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