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Tú y yo somos tres

La crítica de Monegal: Si T-5 llama a tu ventana, cuidado, viene a hacer cotilleo

J.J.Vázquez sale a la calle (’Sálvame limón’).

En cierta ocasión un crítico de tele, anglosajón, definió la telebasura como esa rara situación que ocurre en muchísimos domicilios: dejan que se metan y se desparramen por su salita de estar, a través de la pantalla, unas criaturas, unos personajes, que si llamasen a la puerta nunca les dejarían entrar. Es una interesante definición.

El asunto viene a cuento porque ahora mismo, en ‘Sálvame Limón’ (T-5), están mandando a J.J.Vázquez a patrullar por las calles. Va con un palo y llama a las ventanas para que le dejen entrar. El primer domicilio que le ha abierto la puerta ha sido el de doña Lucía Pérez, en la zona del Cerro del Aire, al Noroeste de Madrid. Tiene 73 años y es viuda desde hace dos. ¡Ah! las viudas de una cierta edad son buena gente. Suelen vivir solas. Cualquier visita que venga del exterior es para ellas un acontecimiento.

J.J. se puso a interrogarla sobre la muerte de su esposo, que sabe que es un terreno estupendo para que la viuda se emocione. Lucía decía, aún con dolor: «Se me murió de repente. Nos metimos en la cama y no le sentí ni morirse. La muerte le vino por los pies, los tenía como el mármol». Concluida esta aproximación necrófila y sentimental J.J. le pidió que opinase sobre los ‘realitys’ de la casa. Ella desechó ‘La isla de las tentaciones’ –buen criterio el de Lucía, eso es un festival de cornúpetas tremendos– en cambio no le importaría ir a ‘Supervivientes’ «más que nada para adelgazar», cosa en la que también estoy de acuerdo.

Hombre, este ejercicio, llamado ‘Ding Dong J.J. a domicilio’ tiene su peligro. Invierte los términos de la relación de la audiencia con T-5. Ahora no somos nosotros los que vamos a ellos, sintonizándolos libremente con el mando a distancia de la tele; ahora son ellos los que vienen a llamar directamente a la ventana de nuestro domicilio, y si no tomamos precauciones se nos meten dentro. Y una vez dentro nos interrogan y somos objeto de su cotilleo y su divertimento.

Acerca de los peligros del cotilleo ya nos habló el gran Eduard Punset en ‘Redes’ (TVE), en 2011, cuando visitó al antropólogo Robin Dunbar. Este profesor de la Universidad de Oxford decía que el cotilleo sobre humanos es similar a lo que hacen los chimpancés cuando se despiojan entre ellos. O sea, el cotilla es el chimpancé y la víctima del chismorreo es el piojo. O quizá es al revés. Les aconsejo que cierren bien ventanas y puertas.

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