El guionista y director Alan Ball. | // BROWNIE HARRIS / UNCLE FRANK

Saltó a la fama cuando ganó el Óscar por el guion de American Beauty (1999), y se convirtió en uno de los inspiradores de la edad dorada de la ficción televisiva gracias a series como A dos metros bajo tierra y True Blood. Hoy estrena en Amazon Prime Video su nueva película como director, Uncle Frank, en la que medita sobre el trauma y el perdón a través de la historia de un profesor gay que, a principios de los 70, regresa al hogar para asistir al funeral de su padre y con la intención de salir del armario.

–Asegura que Uncle Frank es la ficción más personal que ha creado nunca. ¿Por qué?

–Cuando, a los 33 años, volví a casa de mi madre para confesarle que era homosexual, ella me dijo: “La culpa es de tu padre. Creo que él también lo era”. No había forma de comprobar si sus palabras eran ciertas porque mi padre ya había muerto, pero me dejaron petrificado. Y eso no es todo. Al día siguiente, mi madre me habló de una relación que mi padre había tenido en su juventud con otro muchacho, y que había acabado en tragedia. Desde entonces, he pasado años preguntándome acerca de las repercusiones de ser gay en una época en la que serlo era inaceptable. Ese es el punto de partida de Uncle Frank.

–Aunque la película no es autobiográfica, ¿le resultan familiares los sentimientos de culpa y miedo al rechazo que siente su protagonista?

–Claro que sí. Cuando yo crecí, en la década de los 60, lo hice muy consciente de que para la mayoría de la gente la homosexualidad era lo peor que le podía pasar a una persona. Había sido preprogramado por todas las ideas homófobas que transmitían los medios, la escuela y la religión. Intenté ser heterosexual con todas mis fuerzas pero, por supuesto, no pude; me avergoncé de mí mismo desde muy niño. Salir del armario es el mayor favor que le he hecho a mi salud mental en toda mi vida.

–Cuando usted creó A dos metros bajo tierra, seguro que no podía imaginarse el auge que la ficción televisiva experimentaría años después. ¿Qué opina de él?

–Hay que reconocer que gracias a las plataformas de streaming han visto la luz grandes títulos. El problema es que se crea demasiado contenido. Siento usar esa palabra, contenido; la odio. Se estrenan tantas series que, inevitablemente, la mayoría de ellas no reciben la atención que merecen. Cuando hicimos A dos metros bajo tierra eran otros tiempos. Pudimos obtener un reconocimiento por ella sin obsesionarnos por buscarlo. Ahora, en cambio, hay tanta competitividad que los showrunners y guionistas se preocupan menos por crear que por vender lo que crean.

Saltó a la fama cuando ganó el Óscar por el guion de American Beauty (1999), y se convirtió en uno de los inspiradores de la edad dorada de la ficción televisiva gracias a series como A dos metros bajo tierra y True Blood. Hoy estrena en Amazon Prime Video su nueva película como director, Uncle Frank, en la que medita sobre el trauma y el perdón a través de la historia de un profesor gay que, a principios de los 70, regresa al hogar para asistir al funeral de su padre y con la intención de salir del armario.

–Asegura que Uncle Frank es la ficción más personal que ha creado nunca. ¿Por qué?

–Cuando, a los 33 años, volví a casa de mi madre para confesarle que era homosexual, ella me dijo: “La culpa es de tu padre. Creo que él también lo era”. No había forma de comprobar si sus palabras eran ciertas porque mi padre ya había muerto, pero me dejaron petrificado. Y eso no es todo. Al día siguiente, mi madre me habló de una relación que mi padre había tenido en su juventud con otro muchacho, y que había acabado en tragedia. Desde entonces, he pasado años preguntándome acerca de las repercusiones de ser gay en una época en la que serlo era inaceptable. Ese es el punto de partida de Uncle Frank.

–Aunque la película no es autobiográfica, ¿le resultan familiares los sentimientos de culpa y miedo al rechazo que siente su protagonista?

–Claro que sí. Cuando yo crecí, en la década de los 60, lo hice muy consciente de que para la mayoría de la gente la homosexualidad era lo peor que le podía pasar a una persona. Había sido preprogramado por todas las ideas homófobas que transmitían los medios, la escuela y la religión. Intenté ser heterosexual con todas mis fuerzas pero, por supuesto, no pude; me avergoncé de mí mismo desde muy niño. Salir del armario es el mayor favor que le he hecho a mi salud mental en toda mi vida.

–Cuando usted creó A dos metros bajo tierra, seguro que no podía imaginarse el auge que la ficción televisiva experimentaría años después. ¿Qué opina de él?

–Hay que reconocer que gracias a las plataformas de streaming han visto la luz grandes títulos. El problema es que se crea demasiado contenido. Siento usar esa palabra, contenido; la odio. Se estrenan tantas series que, inevitablemente, la mayoría de ellas no reciben la atención que merecen. Cuando hicimos A dos metros bajo tierra eran otros tiempos. Pudimos obtener un reconocimiento por ella sin obsesionarnos por buscarlo. Ahora, en cambio, hay tanta competitividad que los showrunners y guionistas se preocupan menos por crear que por vender lo que crean.