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La casa de las voces

Solvencia técnica para un juego clásico del cine de terror

Rodaje de una escena de "Voces", la película de Ángel Gómez.

Rodaje de una escena de "Voces", la película de Ángel Gómez. // FdV

Las casas encantadas han dado mucho juego en el cine. Hay joyas como 'The haunting' (Robert Wise, 1963) o 'Al final de la escalera' (Peter Medak, 1980) pero la mayor parte de los títulos que parten de esos jolgorios paranormales suelen dejar mucho que desear. Los últimos años ha sido propicios en Hollywood para una nueva remesa de películas cortadas por el mismo patrón, con abuso de la música para afilar los sustos habituales y trucos manoseados para aterrorizar al personal. El cine español lleva un tiempo siguiendo esa estela con irregulares resultados, siendo lo más habitual que cineastas de educación muy peliculera recurran a moldes de factura lo más internacional posible.

Ángel Gómez Hernández está curtido en la escuela del cortometraje, y lo que ha aprendido se aprecia pronto en una solvencia técnica incuestionable con la que compone un entramado visual correcto y por momentos brillante, en el que un reparto bastante acertado se mueve con soltura salvo en algunos momentos escurridizos en los que el guion pierde credibilidad, sobre todo en un tramo final que no termina por ajustar bien las piezas del puzzle.

Como en toda casa encantada que se precie, el dolor abrasador se cuece a fuego lento en las sombras hostiles de un lugar donde el horror encuentra una vía de escape en los sentimientos encerrados. Al director se le ven buenas maneras (unas muertes de escalofrío bien elaborado, las interferencias que alimentan la inquietud...) y deja claro que ha sido atento espectador antes que cineasta, con referencias fácilmente detectables de algunos clásicos de hace décadas, por delante de propuestas más recientes en las que mandan las trampas facilonas.

Es una pena que no se remate con acierto la historia porque este tipo de jugadas necesita como el comer un golpe final con el que sacar al espectador de la sala con el estómago encogido. En cualquier caso, habrá que estar atentos a la siguiente propuesta del director.

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