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Lourizán: un pazo de ensueño condenado a una ruinosa pesadilla

Lourizán: un pazo de ensueño condenado a una pesadilla

Lourizán: un pazo de ensueño condenado a una pesadilla Gustavo Santos / Rafa Vázquez

Una fotografía tomada a finales del siglo XIX data la transformación de la granja de Lourizán en el pazo de señorial donde se decidió el devenir político de la España de comienzos del siglo pasado. Por entonces, aquellos terrenos agrícolas lindaban con el mar.

Un hombre cambió para siempre el destino de aquellas tierras que miraban a la isla de Tambo. Eugenio Montero Ríos compró en 1879 la propiedad a la que fue añadiendo terrenos en el entorno. El político encargó al arquitecto Jenaro de la Fuente edificar un pazo de veraneo, con el que disfrutar con su familia y seguir despachando asuntos de estado. El jurista gallego había asumido máximas responsabilidades dentro del Gobierno a lo largo de 20 años, e incluso presidió el Consejo de Ministros en 1905.

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El Pazo de Lourizán, del esplendor a la ruina Gustavo Santos, Rafa Vázquez, Noé Parga

El prestigioso constructor ideó un pazo único en el patrimonio gallego: una obra majestuosa que, desgraciadamente, vive sus peores días. De estilo ecléctico, sus tres pisos y tres torres se alzan imponentes tras una escalinata imperial. Amplios ventanales, cubierta de pizarra con cúpulas de estilo francés y gran ornamentación.  

Un majestuoso pazo que acogería a las élites empresariales y políticas del momento y en el que se fraguaron hechos históricos. Fue el escenario de las negociaciones del Tratado de París de 1898, por el que España perdió Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas

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Tan señorial en su fachada como en su interior, con lienzos que cubrían sus paredes y lujoso mobiliario. Desgraciadamente, apenas quedan elementos de sus salones, despachos y corredores. En los años cuarenta del pasado siglo, los bienes fueron subastados e incluso expoliados. Una parte de las obras se conservan en el Museo de Pontevedra, como las siete que pintó para Montero Ríos el hijo de Rosalía de Castro, Ovidio Murguía. Otras acabaron en casas particulares o se les perdió la pista.      

En 1943 la Diputación de Pontevedra adquirió el pazo y destinó parte de su finca a la formación en materia forestal. Actualmente es sede de la Escuela de Capataces de Lourizán, que ha convertido los terrenos de la antigua granja en un gran jardín botánico con especies de todo el mundo. Mientras, el gran pazo se muere de ruina.

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Un vergel de 54 hectáreas con “árbores senlleiras”

Cincuenta y cuatro hectáreas de tapiz verde. El de Lourizán es uno de los más importantes jardines botánicos de Galicia, con especies autóctonas y exóticas que empezaron a cultivarse a finales del siglo XIX. Entre los cientos de ejemplares destacan los incluidos en Catálogo de Árbores Senlleiras de Galicia por su singularidad y valor: un cedro del Líbano, una metasecuoya, un avellano, una criptomeria japonesa, otra secuoya roja, una sófora japonesa y la formación castaños japoneses y chinos. 

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Los jardines de Lourizán: un vergel de 54 hectáreas con "árbores senlleiras" Deputación de Pontevedra

El jardín goza de un esplendor que contrasta con el estado ruinoso del señorial pazo. El 22 de enero se cumplieron 30 años de la cesión de la finca de Lourizán a la Xunta por parte de la Diputación, con el fin de dar cabida al Centro de Investigación Forestal. Esta se renovó de forma automática por otros 10 años al no abordar las administraciones competentes su futuro. 

En 2019 se cifró el coste de la rehabilitación del inmueble en unos 15 millones de euros. Pero dos años después, el deterioro continúa imparable. Recientemente, dos vecinas del entorno de Pontevedra lanzaron una campaña en la plataforma change.org para recabar firmas con el objetivo de rescatar a esta joya patrimonial del olvido y de la ruina antes de que sea demasiado tarde.

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