Manuela Vellés –que nos ha venido cautivando con sus interpretaciones desde “Caótica Ana” de Medem– vuelve a la gran pantalla con “Culpa”, dirigida por Ibon Cormenzana (“La cima”, “Alegría tristeza”). Lo hace poniéndose en el cuerpo y alma de una joven a la que una salida con unos amigos le cambia la vida. El filme ha llegado a los cines y también a Filmin.

–¿Cómo surgió la idea de realizar este filme?

–El germen surge con mi primer embarazo y con las ganas que tenía de volver a trabajar con Ibon, mi pareja. Nos imaginábamos la historia de una mujer que hablaba a su hijo todavía no nacido. Después, se tornó a la historia de una mujer que hablaba con ese hijo pero no deseado. En ese momento, no me apeteció rodarla. Retomamos la idea cuando me quedé embarazada de nuestro segundo hijo. Me reuní con mi hermana, Juana Vellés, que es productora de la película. Desarrollamos el guion a contrarreloj porque cuando comenzó el rodaje yo estaba embarazada de tres meses y poquito.

–¿Cómo llevó conjugar embarazo y rodaje?

–Bien, yo tenía muchas ganas de contar esta historia necesaria. Fue un rodaje familiar con mi pareja y hermana. Estuve muy cuidada. Además, estuve en todo el proceso creativo y de desarrollo, fui coguionista. Si en algún momento no podía hacer algo tenía el control de poder pararlo. Al principio, tenía un poco de vértigo pero después me sentí muy bien. Estar embarazada no invalidaba mi capacidad para trabajar y además logré separar las emociones del personaje con las mías propias.

–¿Por qué considera que era necesaria contar esta historia?

–Muchas mujeres han vivido situaciones alrededor de su sexualidad en las que se han sentido incómodas, tentan un mayor o menor trauma. Son situaciones que se viven en silencio y soledad, en las que aparece el sentimiento de culpa y vergüenza, lo que parece increíble. Es así, las víctimas de abusos sexuales lo primero que les aparece es el sentimiento de culpa, se hacen la pregunta sobre qué han hecho para hacer pensar al agresor que ellas querían que eso pasara. También aparece la culpa de no haber reaccionado a tiempo o de otra forma, además de la negación y el miedo a contarlo, así como la angustia más la soledad por no sentirse comprendida.Esta película puede ayudar a esas personas para que no se sientan tan solas.

–La protagonista no da el paso de denunciar. ¿Puede sin embargo animar el filme a la gente a hacerlo?

–Para mí, la película pone el foco en el debate de por qué ella no se atreve a denunciar. Sigue habiendo mucha dificultad para contarlo porque muchas veces procede de gente que conoces. El violador o abusador ha sido alguien de tu entorno. Creo que no se denuncia porque no quieres llevar la culpa de que se juzgue a esa persona. Lo que me parece tremendo es entender por qué sigue sucediendo esto. Nosotros como sociedad deberíamos hacernos preguntas para ver cómo acompañar mejor a estas personas. El bloqueo que sufren es porque muchas de estas personas necesitan tiempo para digerirlo y asumirlo. Habría que entender cualquier reacción de la víctima sin juzgarla.

–Estigma social

–Todo el proceso de la denuncia es lento. Hay que aportar pruebas, estas ya han desaparecido. Es tu palabra contra la suya. Parece que si se denuncia el trauma se va a hacer mayor. El camino más fácil es negar que ha pasado cuando lo van a llevar dentro siempre.

–¿Se ha roto la visión idealizada de la maternidad?

–Sí la película también habla de las sombras de la maternidad y de las que no se hablan normalmente. Como madre, he sentido muchísima soledad pensando que solo me pensaba a mí. No es un camino de rosas. Es una entrega total de tu ser aparcando muchas de tus cosas, viviéndose de forma intensa en lo bueno y lo malo. La visión idealizada se cae.

–¿Perdurará el #Me too?

–Creo que perdurará. Ha sido importantísimo para destapar historias ocultas. Ha sido importante la sororidad, eso alivia muchísimo.