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Pedro Costa Director de cine portugués premiado en Locarno

“El gran cine para mí son obras que intentan poner el dedo en la herida”

Pedro Costa.

Pedro Costa. A. González

“Hace unos años las películas tenían una fuerza que hoy no tienen,… había una poesía que hoy está un poco olvidada. La gente del cine no hace el trabajo como debería”. Pedro Costa, uno de los grandes cineastas portugueses y europeos contemporáneos habla y el corazón que escucha se traslada a otro mundo, fascinado como cuando disfruta de los encuadres de joyas como “Caballo dinero” o “Vitalina Varela” (que llevó Portugal en su carrera al Óscar así como el Leopardo de Oro para él y la actriz en Locarno). Costa ha consagrado su trabajo y noción del cine a personajes reales como Vitalina, Ventura y gente de la comunidad caboverdiana en Lisboa para dignificar su lugar en el mundo. Del 2 al 5 de agosto, la gente gallega de La Plantación lo invita a dar un taller en el Festival Internacional de Documentales de Melgaço.

–En primer lugar, quería saber qué tal están Vitalina y su gente.

–Están todos bien considerando que la pandemia fue un gran shock. En el barrio donde vive Vitalina, todos los hombres trabajan en la construcción civil y las mujeres, en la limpieza, por lo que nunca pararon y fueron los que sufrieron más. Pero está todo bien, la mayoría están vacunados, incluida Vitalina.

–Leí que usted estaba ayudándola a construir su casa, la de la película, ¿está acabada?

–Sí, terminamos la reconstrucción. La casa estaba muy degradada tal y como se veía en la película. Era la casa donde vivió su marido, Joaquim. Al acabar el rodaje, nos parecía que en cierta manera el filme no estaría acabado sin ayudar a Vitalina a tener una vivienda más agradable. Reparamos el tejado como se ve en la película y remodelamos el interior. Ella está muy contenta.

"Ossos", de Pedro Costa.

–En otros casos, los cineastas que ruedan con gente necesitada se olvidan de ella tras el rodaje. Usted no.

–Desde 1997 estoy más o menos cerca de estas personas. Mis filmes “Ossos” y “En el cuarto de Vanda” los había grabado en Fontainhas, un barrio de casas de madera y barracas de Lisboa que ya no existe; fue demolido en 2003. Los habitantes fueron realojados en otros barrios. Donde vive Vitalina es Cova da Moura y es una de esas áreas. Continúan siendo barrios pobres y para población inmigrante. Donde vive Ventura son bloques de casas más dispersos y tampoco están muy cuidados. El espíritu de comunidad está un poco perdido. Me pregunto si no será esa la intención del poder: separar a las personas con obstáculos para que se sientan más débiles para que no tengan la fuerza colectiva que tenían antes. Nuestro equipo intenta pasar el ritual de solidaridad a la comunidad.

–Tras ver “Caballo dinero” y “Vitalina Varela”, me pregunto por qué Vitalina no regresa a Cabo Verde ante la vida tan dura que tiene la comunidad caboverdiana en Lisboa.

–Fue una pregunta que también me hice yo. Era una cuestión muy intrigante porque ella se quejaba de que la vida en Lisboa y Portugal era muy difícil, que las personas inmigrantes son muy maltratadas. Es verdad. Dice que Cabo Verde es mejor, que se olvida de los problemas allí. Yo le pregunté por qué no partía hacia su tierra natal.

–¿Y qué le dijo?

–Algo muy sorprendente, que quería acabar la película, luego recuperar la casa que su marido había construido, convertirla en algo bonito para que sus dos hijos pudieran venir a habitarla si quisiesen. En ese momento, ella partiría para su casa en Cabo Verde. Así, el ciclo se cerraría y quedaría completa la historia de su tormento, del luto.

–¿Vuelve a rodar con ella y Ventura para su nueva película que ya está preparando?

–Sí y con otra gente del barrio con la que ya trabajé. Aún está en preparación. Estamos con ensayos, con un ritmo lento por la pandemia. Rodar un filme se ha vuelto muy caro porque tienes que hacer muchos tests. Estamos preparando una película que, en realidad, está conformada por cinco filmes cortos y cada uno es como una canción. Cada tema es como un filme corto de cinco o diez minutos. Son canciones tradicionales caboverdianas y también de música clásica, rock... cantadas por cantantes no profesionales y caboverdianas.

–¿En Portugal en estos últimos años se respeta más a los africanos?

–No, creo. En términos de poder, de los partidos, no ha cambiado nada, infelizmente. En los últimos cinco-seis años hemos tenido un gobierno apoyado por la izquierda y a pesar de eso no habido un cambio para facilitar la legalización y naturalización de los inmigrantes para que tengan acceso a su ciudadanía y a sus papeles. Las cuestiones burocráticas son un infierno para ellos. Lo sé porque hemos ayudado en eso a Vitalina, Ventura y otras personas y hemos visto que son procesos kafkianos. Por otro lado, este gobierno socialista es uno de los peores que hemos tenido, es más contrario a estos derechos que gobiernos de derecha.

–En “¿Cómo podemos vivir juntos?”, editado por la gallega Numax con un crowdfunding que cosechó un enorme éxito, usted habla de la mafia en los festivales; en entrevistas ha equiparado Netflix a los gánsters.

–El cine tiene una gran hambre de justicia. Para mí, el gran cine son obras que intentan poner el dedo en la herida, ver lo que no está bien y mostrarlo. No digo que se vayan a cambiar, curar las cosas con una película, pero se puede mostrar lo que no está bien. Por ahí tengo esperanza en la juventud pero no en la cabalgata digital en la que todo el mundo está. Me parece imparable. Todo apunta a una separación, una individualización, aislamiento de las personas. Eso es contrario al cine que quería reunir, hacer comunidad. El cine debería preservar el sentido de la comunidad, su ritual, memoria... Cuento con la poesía y energía de los jóvenes contra lo ordinario, lo vulgar, la maldad.

“Todo apunta a una separación, individualización de las personas; eso es contrario al cine que quiere hacer comunidad”, advierte

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–Usted defiende que el tiempo real y el perdido son lo más importante de sus filmes.

–Yo filmo con gente que nunca tuvo tiempo. A todos los inmigrantes, refugiados y los que están al margen de la sociedad lo primero que se les retira además del dinero es el tiempo. Nunca han tenido tiempo para parar o pensar. Por tanto, en mis películas intento recuperar ese tiempo para que piensen e intenten vivir los mensajes con la mayor elocuencia posible y, para ello, nosotros necesitamos tiempo y el cine también. La idea de que el tiempo es lujo, dinero, es horrible. El cine es un arte del tiempo y el espacio; no puede doblegarse a esa dictadura.

–¿Qué le dirá a sus alumnos?

–Hay una mitificación del cine. En realidad, es un arte banal, de la rutina, lo cotidiano. Antes el cine podía ser un poema, una lección de historia, un momento del pensamiento, creo que debemos volver a eso, a la idea de que puede ser económico, puede hacer pensar y mostrar las cosas que no están bien en este mundo.

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