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Álex González | Protagonista de la serie “3 caminos” sobre la ruta a Santiago

“El Camino permite conocerte mejor y ser mejor persona a través de la soledad”

Álex González dando vida a un peregrino en la ruta jacobea de “3 caminos”

Álex González dando vida a un peregrino en la ruta jacobea de “3 caminos” FICCIÓN PRODUCCIONES

La culpa y la marca de una enfermedad degenerativa son el resorte del personaje de Roberto en la serie “3 caminos” que acaba de estrenar Amazon Video Prime. El encargado de prestar el cuerpo y sentimientos al rol es el actor Álex González como bombero mexicano que realiza el Camino de Santiago por una cuenta pendiente con la vida. De la profundidad de sus palabras, aprendemos su gusto por la soledad y el surf, en especial, en la playa de A Lanzada (Pontevedra).

FICHA PERSONAL
Nació en Madrid en 1980. Fue nominado al premio Goya a mejor actor revelación por su papel en “Segundo asalto”. En “Vivir sin permiso” era Mario Mendoza.

–¿Cómo ha modelado interiormente su personaje?

–Roberto es mexicano, bombero y está prometido. De repente, en uno de sus servicios, una chica muere y él se siente responsable de esa pérdida. Empieza a caminar con una gran culpa y, al cabo de un año, decide que hacer el Camino de Santiago le puede ayudar. Después, va pasando el tiempo y tiene una enfermedad que es la que le hace volver a hacer el Camino y reencontrarse con los amigos que conoció en la primera etapa. La dificultad para mí ha estado en retratar la enfermedad de Roberto, ELA, esclerosis lateral amiotrófica, y en el acento mexicano. Pensé que iba a ser más fácil lo del acento, que se me complicó un poco pero, al final, las difcultades facilitan las cosas.

–¿Se había planteado antes hacer el Camino de Santiago?

–Sí que me llamaba la atención y tenía ganas. De hecho, es algo que compartimos todos los protagonistas de la serie: todos queríamos hacer el Camino. Esa fue una de las razones por lo que fue especial. Ahora, tengo más ganas porque no ha sido la experiencia entera pero me he asomado a lo que te ofrece la ruta, conocerte mejor y ser mejor persona a través de los momentos de soledad, de escucharte. Hay una experiencia mística también. No es lo mismo experimentar la soledad caminando en otro sitio que hacerlo en el Camino de Santiago que como dice la serie tiene una huella de los que llegaron antes.

–En la serie se habla de saber interpretar las señales de la vida, ¿considera que las puede leer?

–A veces, sí; a veces, no. Creo en ellas y cuando suceden intento descifrar qué significan o veo que no son casualidad. Me gusta pensar que hay mensajes en el aire y que nosotros somos canales y que alguien te puede decir algo que te cambie la vida.

–¿Siempre quiso ser actor o había otro sueño por encima?

–De pequeño, tenía muchos sueños, después llega un momento en el que tienes que elegir. Tengo la gran suerte de que desde adolescente ya soñaba con ser actor. A los 17, decidí empezar a formarme. Me parece muy complicado para la gente joven decidir qué quieres hacer el resto de tu vida y hacerlo porque cambian tanto las circunstancias que es fácil que a los 30 años quieras hacer otra cosa.

–Además de lo profesional, ¿cuál es el mayor sueño que tiene?

–Ahora mismo, mi sueño es intentar soñar aquí y ahora. Algo que he aprendido de esta serie y de las circunstancias en las que hemos rodado y que vivimos en sociedad es estar muy presente. Antes, conocía la teoría pero no sabía ponerlo en práctica. Aquí y ahora es lo más importante que está sucediendo y mi sueño es disfrutar el día de hoy.

–¿Cree en utopías o tiene los pies tanto en la tierra que esa palabra no está en su diccionario?

–Soy muy cambiante, voy por épocas. He dedicado mucho tiempo a leer sobre astrología y los sueños. He querido saber qué pasa con la reencarnación; pero siempre vuelvo a un lugar muy terrenal, en el que solo creo en cosas tangibles.

–En el arranque del primer capítulo, cuando están en Leyre, un pesonaje dice que el tiempo lo cambia todo.

–No me atrevería a decir que lo cambia todo, pero cura muchas cosas; cosas que no entendíamos nos hace entenderlas. Lo único que no cambia son algunos afectos.

–¿Alguna vez ha necesitado encontrarse a sí mismo?

–La verdad, no. Yo soy una persona que pienso mucho y disfruto mucho de la soledad aunque soy sociable. Cuando puedo intento pasar tiempo solo y, casi cada día, tengo momentos de instrospección. Es como los deberes como hago un poco cada día, no me tengo que dar el atracón.

–Rodó en Galicia “Vivir sin permiso” ahora “3 Caminos”, ¿cuáles son sus lugares especiales?

–Con la anterior serie, la mayor parte del tiempo lo pasé en las Rías Baixas. Recuerdo que San Vicente es precioso y también me gustó mucho la playa de La Lanzada. A mí, me gusta mucho el surf y ahí he hecho mucho en la escuela Prado Surf. Del Camino, recuerdo con especial cariño la Cruz de Hierro que está en Ponferrada; pero sin lugar a dudas Finisterre es un lugar mágico. Fíjate que después de estar dos años en Galicia intenté ir y como estaba lejos nunca pude. En este rodaje, pude y es un lugar mágico y precioso.

“Para preparar el personaje, ni escuchaba música en el coche, escuchaba mexicano”

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–Me hace gracia ver cómo en “Vivir sin permiso” los mexicanos eran sus antagonistas y ahora toma esta nacionalidad para “3 caminos”. ¿Cómo se preparó?

–Sí (risas), me cambié de bando pero ahora hago de mexicano bueno. En la otra serie eran malos. Para preparar el acento, tuve un coach y pasé dos meses viendo películas y escuchando audios de podcasts. En el coche, ni escuchaba música, sólo escuchaba mexicano.

–El idioma en el que se rodó la serie fue el inglés. ¿se sintió extraño doblándose a sí mismo al español?   

–Rodar en inglés no fue un hándicap, los cinco protagonistas hablamos inglés y nos sentíamos muy cómodos en esa lengua, cada uno con su acento, claro. Doblarse a uno mismo es complicado porque hay momentos en los que es difícil replicarse. Hay una escena en la que estoy enfermo de ELA y en la que tengo afectada el habla. En ella, hablo en inglés con acento mexicano. Doblar eso al español me costó mucho, fue muy difícil pero yo prefiero doblarme a mí mismo a que lo haga otra persona, al menos, en castellano. Porque, por ejemplo, me he escuchado en francés en otra serie y la vi en turco y me encantó cómo me doblaron. Pensé: “¡Guau, vaya voz me han puesto!”. Era más grave que la mía y era interesante.

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