14 de marzo de 2016
14.03.2016
Crítica

Cagaditas

La tele es una maga que te hipnotiza, pero también una estricta gobernanta que recoge hasta lo que no quieres que se vea

14.03.2016 | 10:58
Cristina Cifuentes en ´El Hormiguero´.

En los encuentros menos formales es donde los invitados se relajan, y al no tener el chip de la defensa encendido se sueltan de manos y, a veces, la cagan. Literal. Le pasa al señor Coletas. Mucho. Don Pablo Iglesias va suelto, muy a lo loco, muy chistoso. Tan loco va, tan sobrado, que confunde el piloto rojo del micro del Congreso con el piloto rojo de la cámara de un plató, y por eso, como Dinio, confundido perdido, la caga.

Hace unos meses, cuanto más salía en televisión, más crecía su poderío político y mediático. Ahora, cuanto más ejerce de diputado, más se le tambalea el sombrajo. Se ha relajado. Y dice cosas de apariencia banal que retratan con fiera descarnadura un interior que te deja, me deja, cada vez más perplejo.

La tele es una maga que te hipnotiza, pero también una estricta gobernanta que recoge hasta lo que no quieres que se vea. Hace unas noches, en distintos días, en El Hormiguero, acudieron como invitados la presidenta de Madrid, Cristina Cifuentes, y Antonio Velázquez, protagonista de la serie Buscando el norte, en Antena 3.

Estaba Cifuentes tan relajada, tan divertida, tan suelta, que dijo que el nombramiento caciquil del nuevo director de TVE, don Eladio Jareño, responde a la tendencia de politización de las televisiones públicas porque los gobiernos han considerado que sus directores eran altos cargos. ¿Eran? No, guapa, son. Y en TVE, hasta el bochorno. Sin complejos, coño, sin complejos, dice altivo desde la esquina de la pantalla el dúo Pimpinella Aznar-Cospedal.

Por su parte el joven actor, entre risa y risa, aseguró que una vez «hice mis cosas en un váter de mentira, era parte del decorado, y no había agua, claro». O sea, que también la cagó.

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