Manuel Sanjurjo Blein, el hombre que sostuvo el alma de Vigo
Falleció el miércoles 5 de agosto de 2026 a los 82 años

Manuel Sanjurjo Blein. / Jose Lores
* Francisco Castro Nieto
Hay grandes hombres cuya ausencia pertenece únicamente a su familia.
Hay otros cuya vida termina fundiéndose con la memoria íntima de una ciudad. No porque buscaran reconocimiento, sino porque hicieron del servicio una forma de estar en el mundo.
Manuel Sanjurjo Blein fue uno de ellos.
Durante décadas ocupó, con una fidelidad tan discreta como inquebrantable, el lugar de Hermano Carreiro del Santísimo Cristo de la Victoria. Cada primer domingo de agosto, cuando las campanas de la Concatedral anunciaban la salida de la imagen más venerada por los vigueses, allí estaba él.
Siempre en silencio.
Siempre dispuesto.
Siempre en su sitio.
Sabía bien que hay misiones que consisten, precisamente, en hacer posible que otros levanten la mirada.
Sobre sus hombros no descansaba únicamente una estructura de madera. Descansaban siglos de fe: la memoria de los marineros que encomendaron su vida al Crucificado antes de hacerse a la mar, las promesas pronunciadas entre lágrimas y el dolor de quienes aguardaron en vano el regreso de los suyos.
Manuel Sanjurjo pertenecía a esa estirpe silenciosa que sostiene las mejores tradiciones sin esperar más recompensa que el deber cumplido.
El recorrido del Cristo por el Casco Vello es un regreso al Vigo que nació mirando a la ría. Las piedras del Berbés y el granito humedecido por el salitre conservan el recuerdo de una ciudad donde la fe formaba parte de la marea cotidiana. Manuel comprendía ese legado; sabía que la imagen no recorría solo unas calles, sino la historia viva de un pueblo. En tiempos de lo efímero, él eligió la constancia. En una época de vanidades, él encontró su lugar bajo las andas: allí donde servir es también una forma de rezar.
El próximo primer domingo de agosto de 2027, las campanas volverán a sonar y el Cristo saldrá al encuentro de Vigo. Así debe ser. Pero quienes conocieron a Manuel advertirán una ausencia que ningún relevo podrá borrar del todo.
Que el Santísimo Cristo de la Victoria, a quien sirvió con la humildad de un auténtico cireneo, lo reciba ahora en la casa del Padre. Manuel Sanjurjo Blein ya no caminará bajo las andas. Sin embargo, mientras la imagen cruce la penumbra de Santa María hacia la luz del Casco Vello, su memoria seguirá viva en el corazón agradecido de la ciudad.
Porque hay hombres que sostienen una imagen. Y hay hombres que quizás, sin saberlo, sostienen el alma de todo un pueblo.
* Antiguo Hermano Mayor de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Victoria de Vigo
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