El moañés afectado por el desplome de un talud de la Autovía do Morrazo sigue con la casa sepultada
Lucas Cabaleiro espera desde febrero a que la Xunta le dé una solución a la vivienda que rehabilitaba como hogar para su familia

Santos Álvarez
Han pasado siete meses desde que el derrumbe del talud de la Autovía do Morrazo en A Xalde de Arriba, en Moaña, sepultara la casa que Lucas Cabaleiro estaba rehabilitando a escasos metros, y en el que resultó herido el vecino de Meira, de 73 años y amigo del propietario, Feliciano Rodríguez, que se encontraba en su interior y que estuvo ingresado tres meses en un hospital a causa de las heridas sufridas en una pierna al haber quedado con medio cuerpo enterrado entre los escombros. Las obras de conservación que este martes ha iniciado la Xunta en los tres viaductos de la Autovía devuelven a la memoria este suceso del derrumbe que se produjo en la mañana del 11 de febrero en el contexto de un tren de borrascas que azotaba a Galicia en los primeros meses del año y que provocó la avalancha del talud.
La tierra sigue hoy cubriendo los restos de lo que iba a ser la vivienda de Lucas Cabaleiro y su familia a partir de este mes de septiembre. Él sigue esperando para que la Xunta le dé una solución que al principio iba a ser rápida, según le habían trasladado desde la propia Consellería de Infraestructuras como titular de la carretera, cuando ocurrieron los hechos el mismo 11 de febrero y también semanas después «pero esa solución sigue sin llegar», se lamenta sin dejar de agradecer que su amigo salvara la vida en esta catástrofe. Asegura que asumió que tenía que esperar algo de tiempo por la solución a su casa y resignarse, pero vio cómo la Xunta arreglaba el talud con un muro de piedra de contención y, con el paso de los meses, dejaba pavimentado y en perfecto estado el vial que separa su propiedad de la autovía, con una inversión de más de 700.000 euros, pero su vivienda sigue a día de hoy bajo los escombros y la resignación la está perdiendo viendo que además la Xunta le pide más requerimientos de documentación par darle una solución.

El vecino señala hacia el talud que se desplomó en febrero sobre su propiedad. / Santos Álvarez
Insiste en que nadie acudió ni para retirar las toneladas de tierra, incluso los restos de su perra «Soledad» que murió en la avalancha siguen allí. La encontró al cabo de un tiempo porque no respondía a su llamada el día del suceso, pero no la pudo retirar: «Casi no puedo acudir de la pena que me da da. La tapé con algo de tierra, nada más. Me pongo malo al volver a ver esta situación», señala este vecino de Moaña que asegura que vive de prestado en una casa. Cabaleiro cumplía con su sueño de rehabilitar una casa familiar para convertirla en el hogar para su familia -tiene un hijo pequeño- pero el tren de borrascas que azotó Galicia en los primeros meses del año acabó con esta ilusión y sigue esperando por una solución.
Una obra con licencia
Señala que la Xunta le pidió remitir toda la documentación y hace poco tiempo recibió otro requerimiento a mayores para que enviara los papeles del seguro y la licencia de primera ocupación, pero dice que él no tiene nada de eso porque todavía no vivía en la casa que estaba en rehabilitación. Los trabajos contaban con todos los permisos del Concello de Moaña, como confirmó la alcaldesa, Leticia Santos, que conoce bien la propiedad por proximidad familiar con el dueño y que recordaba la casa primitiva, a la que iba con su abuelo, y que ya estaba mucho antes de que se construyera primero el Corredor do Morrazo hace veinte años y después se desdoblara en Autovía.

El vial afectado por el derrumbe ya acondicionado por la Xunta y el muro de contención en piedra del talud. / Santos Álvarez
Cabaleiro siente que es un «número» más para la Consellería, que no quiere ser crítico, pero considera que ya es hora de que le den una solución a su vivienda, como le habían hecho trasladar cuando el mismo día visitó la zona afectada la conselleira, María Martínez Allegue, y la directora de la Axencia Galega de Infraestructuras (AXI), María Deza.
El vecino ha tenido que contratar a un abogado para poder salir de este calvario en el que nunca había pensado que acabaría cuando, con toda la ilusión, empezó a rehabilitar su hogar junto a la feroz autovía que dio muestras de debilidad cuando empezó a llover sobre mojado en Galicia.

Otro detalle de los escombros de la vivienda. / Santos Álvarez
«Esto es un lío», reconoce el vecino que siempre ha dado muestras de buena resignación y que desde el primer momento supo que lo principal era la vida de su amigo Feliciano que afortunadamente pudo salir adelante tras tres tres meses en el hospital. Pero cree que ahora también ha llegado su momento y que deje de ser un número, que también su vida depende de esta casa en la que ha invertido ahorros. Confia en que la administración sepa darle una solución y que con la ayuda de su abogado se encarrile bien el final del túnel y pueda recibir la indemnización que le hace falta para volver a poner en pie esta casa, que era su ilusión. n
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