Salud
Pedaladas contra el párkinson
El moañés Cristóbal Budiño ha conseguido convertir la bicicleta en una forma de superar las limitaciones de la enfermedad y se enfrenta a un reto de 500 kilómetros por Galicia con «Pedaladas de coraje»

El moañés Cristóbal Budiño durante una de las pausas que realiza en sus rutas. / Cedida
Cuando el médico le confirmó que tenía párkinson, lo primero que pensó Cristóbal Budiño fue «yo soy joven, no puedo tener esto». Era noviembre de 2023 y aquel diagnóstico cambió su manera de entender la vida. Aquel fue un año especialmente complicado a nivel mental y personal. No fue hasta 2024 cuando consiguió salir del «pozo» en el que había caído tras aquella noticia. Tuvo que asumir convivir con una enfermedad que, hasta entonces, tenía asociada principalmente a personas mayores y que ahora ya era su día a día.
La bicicleta fue una de las claves para recuperar su motivación. Siempre le había gustado montar, así que tras dejar su trabajo embarcado, se compró una bicicleta Gravel y descubrió que, sobre ella, los síntomas prácticamente eran inexistentes.
Todo cambió en 2025, cuando por casualidad miró el documental «Vivir es la meta», protagonizado por Alberto Estrada, también diagnosticado de párkinson. «Este tipo tiene párkinson, tiene un año menos que yo y se larga por un sendero de montaña de ciento y pico kilómetros», recuerda. Aquello le hizo reflexionar sobre las verdaderas limitaciones de la enfermedad.
De esta manera nació «Pedaladas de coraje». Con esta iniciativa Budiño recorrerá 500 kilómetros y atravesará las cuatro provincias gallegas. La primera etapa comenzó en Ribeira, que es donde reside actualmente, y llegará a su fin este sábado en Moaña, una primera parada especialmente significativa porque es su municipio natal. «La primera etapa tenía que ser esta», recalca.
El reto no consiste únicamente en completar kilómetros. Budiño debe adaptar el recorrido y los entrenamientos a una enfermedad que condiciona su día a día. El dolor y la medicación para paliarlo son parte de su rutina. Por ello, la preparación se ha basado más en las horas que consigue permanecer sobre la bicicleta que en los kilómetros recorridos.
«Me levanto cansado, con dolor», cuenta. De todas formas, sabe que el ejercicio le hace bien y se anima a sí mismo a continuar. La bicicleta, además, le permite mantenerse activo incluso cuando los síntomas aparecen, ya que, en su caso, son menos notorios de esta manera.
Uno de los mensajes que busca transmitir es que el párkinson no debe entenderse automáticamente como una enfermedad limitante. Admite que cada paciente lo vive de una manera diferente y, a pesar del prejuicio, la enfermedad no solo consiste en temblores sino que cada persona tiene unos síntomas.
Cristóbal Budiño no realiza en solitario cada etapa. En este sentido remarca que no suponen el mismo esfuerzo 100 kilómetros para alguien con párkinson que para una persona que no lo padece. Por ello, a quienes le acompañan durante el recorrido les ha dejado claro que deben ser ellos quienes se adapten a su ritmo y no al revés. Su objetivo no es demostrar que puede hacer lo mismo que cualquier otro ciclista, sino que puede hacerlo desde sus propias circunstancias.
La iniciativa tiene marcado componente personal. A Budiño le gustaría transmitir una idea sencilla a la gente que quiere y le rodea: «Nunca permitáis que nadie os diga que podéis o no podéis hacer algo». Un mensaje que quiere que llegue a personas recién diagnosticadas, ya que han sido varias las que le han trasladado que encontraron en su experiencia un motivo de ánimo.
Ahora afronta el reto con un objetivo más allá de los kilómetros. El diagnóstico cambió su manera de entender la vida y le enseñó a disfrutar más de sus hijas y seres queridos, así como a relativizar los pequeños problemas. Sobre la bicicleta ha encontrado una forma de seguir adelante y, a su vez, de demostrar que el párkinson puede ralentizarte, pero no detenerte.
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